Especialistas en organizar el caos


La ministra Magdalena Álvarez, ejerciente de Fomento en el régimen de Rodríguez Zapatero, era «especialista en organizar el caos». Esa fue la sentencia inapelable dictada por Mariano Rajoy tras la nevada del 2009. No se quedó ahí la diatriba del entonces jefe de la oposición. La ministra, añadió, era gafe: «Dios mío, esto es una pesadilla, cuando te la encuentres por la acera, cámbiate a la de enfrente».

Ayer como hoy, el temporal de nieve causó serios problemas en las comunicaciones. En el 2009, el aeropuerto de Barajas cerró durante cinco horas y Rajoy, que pretendía viajar a Galicia, resultó ser uno de los damnificados por la suspensión de los vuelos. El pasado fin de semana, más de 3.000 vehículos quedaron atrapados durante 18 horas en la autopista AP-6. Hay cosas que no cambian. Como el empeño de los gobiernos, sea cualquiera su color, por echar balones fuera y trasladar sus responsabilidades a la estratosfera. Hace nueve años, Alfredo Pérez Rubalcaba culpó del caos al hombre del tiempo: había pronosticado no más que algunos copos inofensivos. Ahora, tanto el director general de Tráfico como el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, endilgan la culpa a los usuarios de la autopista de peaje: estaban avisados, pero «no se enteraron o no tomaron las precauciones necesarias».

Tienen razón. ¿A quién se le ocurre, vistas las previsiones meteorológicas, meterse en el coche con el abuelo, la hija y el bebé sin un mínimo equipo de supervivencia? Cualquier conductor sensato sabe que, antes de adentrarse en la autopista en pleno invierno, además de llevar cambio en el bolsillo para no colapsar las cabinas de peaje, debe pertrecharse de un kit básico para eventualmente pasar la noche enclaustrado en el vehículo. Conviene recordar algunos componentes imprescindibles: un bidón de gasolina de reserva, una estufa y un juego de mantas térmicas o sacos de dormir, víveres y bebidas, un hornillo portátil para calentar el biberón del bebé, las pastillas del abuelo y un orinal de emergencia para no dejar perdido el habitáculo. Quien no haya tomado esas precauciones, que no se queje después. Incluso debería ser multado o perder un par de puntos por negligencia.

La responsabilidad adicional, consistente en despejar la vía, tampoco recae sobre el Gobierno. La gestión, el uso de las quitanieves y la siembra de sal, corresponde a la empresa concesionaria, en este caso Autopistas, una filial de Abertis. Y quizá vuelven a tener razón nuestros preclaros gobernantes. Bastante hacen ellos con firmar golosas concesiones y suculentos peajes para que, a cambio, los beneficiarios del negocio apechuguen con algún problema puntual.

Aclaradas las responsabilidades, solo me intriga una frase de Íñigo de la Serna: «Se tomarán medidas para que esto no vuelva a ocurrir». ¿Contra quiénes? ¿Contra los usuarios, contra la concesionaria o contra ambos? Vaya usted a saber. Más tranquilizador sería que el ministro, al igual que hizo la vicepresidenta de hace nueve años, utilizase el consolador refrán: «Año de nieves, año de bienes».

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