Con la nieve al cuello


Qué país de contrastes: unos andan con la nieve al cuello y otros con bufandas de cachemira practicando el deporte nacional: la culpa es de otros, yo fui bueno. Rodrigo Rato y su bufanda, cuántas privaciones habrá tenido que pasar para comprarla, desfilaron ayer por sede parlamentaria para dar una clase magistral de cinismo. Cada palabra que salía de su boca era un alud de nieve sobre las víctimas de la crisis. Un alud verbal, el de Rato, que, sin querer, empezó a tapar el día de autos de un ministro (Zoido), su director de tráfico y la concesionaria de la AP6. Lo bueno de España, para los incompetentes, es que pronto aparecerá otro incompetente o, peor, un corrupto, o una bufanda de cachemira para echar nieve sobre el asunto. Oh, la nieve. Contemplada a distancia, por ejemplo desde Sevilla, es una auténtica maravilla.

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