La izquierda sigue sin entender nada


Frente a los augurios apocalípticos de algunos, la primera encuesta con intención de voto realizada por el CIS tras las elecciones catalanas relativiza esa supuesta catarsis y dibuja un tablero político sin excesivos sobresaltos. El PP, al que algunos daban por muerto tras el batacazo catalán, sufre pero volvería a ganar hoy las elecciones. El PSOE del renacido Pedro Sánchez sigue gripado y no arranca. Ciudadanos cotiza al alza, pero está muy lejos de ser la primera fuerza que algunos nos vendían. Y Podemos, cuyo discurso está agotado, confirma su progresiva tendencia hacia la irrelevancia. Pero si algo queda claro en este trabajo demoscópico es que los españoles le han visto ya las orejas al lobo del separatismo y no apuestan por las aventuras, el relativismo o la política de apaciguamiento frente a quienes pretenden romper España. Los dos partidos que con más firmeza han defendido la soberanía nacional y la aplicación de toda la fuerza coercitiva del Estado de derecho sobre quienes violan la Constitución obtienen el respaldo del 47 %. Un porcentaje superior al que el PP y Ciudadanos sumaban en el barómetro de octubre (45,5 %) y por encima del que aglutinaron en las generales (46 %). De celebrarse hoy las elecciones, estarían más cerca de la mayoría absoluta, aunque el pacto Rajoy-Rivera no sería nada fácil.

Por el contrario, y pese a lo que ha llovido desde entonces, la suma del PSOE y Unidos Podemos se queda en un 42 %, por debajo del 42,7 % de octubre y aún más lejos del 43,7 % que marcaron en las generales. Es decir, que a pesar de la cantinela derrotista del «algo habrá que hacer», los españoles no compran ni los esperpénticos indultos preventivos a los golpistas que plantea el PSC de Miquel Iceta, ni la nación de naciones de Pedro Sánchez, y mucho menos el compadreo con los independentistas de Ada Colau o el camaleónico y marxista (de Groucho) discurso de Pablo Iglesias sobre Cataluña. Lo cual confirma el fracaso de una izquierda que confunde las prioridades, se enreda en el laberinto catalán y se muestra incapaz de recortar distancias con el centroderecha pese al lastre que suponen los casos de corrupción que afectan al PP y el apoyo de los de Rivera a unos Presupuestos y unas reformas que siguen sin trasladar al bolsillo de los ciudadanos la mejoría económica.

Los españoles tienen claro que ha sido la política de máxima firmeza y cero concesiones frente al independentismo, y no la del perpetuo chalaneo, la que ha doblegado a Puigdemont hasta convertirlo en un pelele resignado al ridículo papel de ser un presidente de pega. Y por ello, mientras Sánchez e Iglesias no entiendan que reformar la Constitución para dar aún mayores privilegios a los separatistas no es una prioridad para el votante de izquierda, y mientras PSOE y Podemos no se sacudan el complejo de inferioridad frente al nacionalismo, el tándem PP-Ciudadanos (o Ciudadanos-PP) no solo tendrá pista libre, sino que tenderá a crecer. A no ser, claro está, que Rajoy y Rivera perseveren en el error de tratar de destruirse mutuamente.

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