Mejor, de buen rollo


Creo que tienen razón quienes han visto una luz al final del túnel y dicen que estamos recuperando la cordura en el estilo de hacer televisión. Que la audiencia está cansada de látigos verbales, de gente irascible, de personas que atacan en lugar de argumentar y de toda ese furor -parece que ya pasajero- que venció y convenció en otras épocas. Los datos del share apuntan que vamos hacia otra tele, menos enclavada en la polémica por la polémica y mucho más amable de formas. Un giro inesperado que está aplaudiendo esa mayoría que ha dado su beneplácito a formatos que huyen del griterío impuesto y apabullante. Los modos exagerados, los insultos, los ataques y esa crispación natural, que venía siendo tendencia, ha quedado reducida a un par de espacios que han hecho de ese estilo su seña de identidad. Y no por ello les va mejor. El resto ha virado o se han creado ya bajo otro sentir mucho más riquiño. Lo hemos visto en Operación triunfo que, muy alejado de aquellas maneras del primer Risto, ha optado en esta nueva edición por una filosofía más positiva, que algunos dirán que roza la ñoñería, con un cariño desbordado por parte de todos. En esa frecuencia de buenas vibraciones nos estamos moviendo ahora en los programas de entretenimiento. Nada de furia y cólera. Nada de agresividad. Ahora, mejor, de buen rollo.

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Mejor, de buen rollo