Colau y los fachas


Que Cataluña, una de las regiones más prósperas de Europa y un referente cultural de dimensión global haya podido llegar a ser gobernada por un personaje de tebeo, frívolo en lo político, sectario en lo social e intelectualmente indigente como Carles Puigdemont constituye un drama que a los historiadores del futuro les resultará difícil explicar. Pero si a esa tragedia política se le suma el hecho de que el destino de una gran urbe como Barcelona haya quedado en manos de una indocumentada como Ada Colau, habrá que concluir que el infortunio de los barceloneses alcanza ya las dimensiones de una plaga bíblica. Nadie podrá decir, sin embargo, que no estaba avisado de lo que se le venía encima, porque, antes incluso de ser elegida, la ahora alcaldesa nos dejó ya una muestra de su delirante concepto de la política, que se mueve entre lo infantil y lo grotesco: «Si hay que desobedecer las leyes que sean injustas, se desobedecen», avisó.

Y es que en el mundo de Colau, la ley y la ética solo rigen para los demás, nunca para los suyos. Por eso, tanto ella como su segundo, Gerardo Pisarello, han colocado a sus parejas en cargos con sueldos públicos. Y, por eso, a lo que Colau dedica sus esfuerzos no es a mejorar la vida de los barceloneses, sino a retirar bustos del jefe del Estado del salón de plenos, promover la ocupación de viviendas privadas, boicotear la designación de Barcelona como sede de la Agencia Europea del Medicamento, cargarse el Mobile World Congress, vetar a policías y militares en actos públicos, apoyar a la causa independentista o criticar los jueces españoles.

Parecía difícil batir semejante récord de estulticia y sectarismo, pero Colau se ha superado. La alcaldesa ha retirado el nombre de la calle Pascual Cervera y Topete, almirante de la Armada española y héroe de la guerra de Cuba, para sustituirlo por el del actor Pepe Rubianes. Pero, no contenta con semejante arbitrariedad, presumió en la inauguración de la rúa de haber quitado «el nombre de un facha a esta calle». Ya se sabe que en el mundo de Colau todo lo que suene a militar o a español, y todo el que no comulgue con sus ideas, si es que tal cosa existe, es un fascista. Pero malamente podría ser un fascista el almirante Cervera, ya que falleció en 1909, cuando ni siquiera existía el fascismo y el dictador Franco tenía la tierna edad de 11 años.

Detalles sin importancia para Colau, porque a sus ojos nada tenía que hacer el héroe de Cuba frente a Pepe Rubianes, nacido en Vilagarcía de Arousa, Pontevedra, que en una entrevista en TV3, pagada con dinero de todos los catalanes, incluidos los no independentistas, que por cierto son mayoría, nos dejó esta aguda reflexión antes de fallecer en el 2009. «A mí, la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Que se metan a España en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario». Eso sí que es, para Colau, contribuir a la paz, la concordia y el bien de todos los barceloneses, y no las heroicas acciones militares del almirante Cervera y Topete, ese facha.

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