Y no estaba muerto, no, no


La política es más que nunca una rumba, una rumba catalana que suena al ritmo de Peret. Todos lo dimos por muerto, pero un día se apareció lleno de vida y contento diciéndonos a todos ¡eh! se equivocaron de muerto. Y no estaba muerto, no, no. Todos los que lo mataron, todos lo que lo dimos por muerto, todos los que lo hicimos cadáver tenemos que reconocer que nos hemos equivocado con Pedro Sánchez, el resucitado. Y aunque pudiera ser breve o brevísimo su paso por la Moncloa, no deja de fascinarme esa capacidad de resistencia -que algunos llaman ambición- de estas personalidades que pueden soportarlo todo. Que no se rinden, que se atrincheran en su Kamchatka. Una metáfora que nos descubrieron Ricardo Darín y Cecilia Roth en aquella película maravillosa en que la península siberiana simbolizaba, en el juego de mesa Táctica y Estrategia de Guerra, la pieza clave. Quien tiene Kamchatka, le enseñaba Darín a su hijo, gana la partida siempre. Ese Kamchatka interior es lo que realmente fascina de quienes son capaces de sobrellevar las situaciones más frenéticas, sean justas o no. A Sánchez lo despreciaron, lo arrinconaron, lo mataron, lo dimos por muerto, lo volvimos a rematar, pero hoy es el presidente del Gobierno. Y aunque les parezca un fantasma, supo seguir jugando la partida, y eso que tenía enfrente a Rajoy, que si se ha caracterizado por algo es por resistir. La forma de ser es un misterio que en todas las circunstancias es clave. Aquí les dejo otra curiosidad de tarot: Sánchez, además de tener Kamchatka, será el tercer presidente piscis de la democracia. ¡Y ya son mayoría! Es algo que tienen en común Felipe, Aznar y él.

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