¡Qué escándalo, los votos se pagan!

Andoni Ortúzar, presidente del PNV
Andoni Ortúzar, presidente del PNV

En una memorable escena de la película Casablanca, el capitán Renault ordena el cierre del Café de Rick y desaloja a los clientes. Cuando Rick le pregunta con qué derecho hace eso, el cínico Renault contesta: «¡Qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!». Y de inmediato el maitre le entrega un fajo de billetes diciendo: «Sus ganancias, señor». Un cinismo semejante es el que despliega ahora el PSOE diciendo que, con su anuncio de que enmendará sus propios Presupuestos en el Senado, el PP demuestra que los 540 millones de euros en inversiones en el País Vasco eran un pago por los votos del PNV a cambio de su apoyo. Naturalmente que lo eran, como lo han sido todas las contrapartidas que los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos obtuvieron de todos los gobiernos, del PSOE y del PP, cuando sus escaños fueron decisivos.

Una práctica indeseable que nunca defenderé, pero que sirvió para dar estabilidad a los ejecutivos en minoría. Lo que jamás había sucedido es que inmediatamente después de hacer caja, el firmante del pacto apuñalara al Gobierno pagador y lo derribara. Cuando firmó el acuerdo con Rajoy, el PNV era perfectamente consciente de que la sentencia de la Gürtel no sería favorable al PP. Y a pesar de ello, firmó «sin complejos», en palabras de su presidente, Andoni Ortúzar. Entiendo por ello que el PP plantee ahora que esos 540 millones de euros se destinen a partidas sociales, para que sea el nuevo Gobierno del PSOE, que es quien se beneficia de los votos del PNV, el que se responsabilice del privilegio al País Vasco.

La aparente contradicción del PP no lo es menos, en todo caso, que la de un Pedro Sánchez que después de tachar de «antisociales» e «injustos» los Presupuestos de Rajoy, renuncia a modificarlos y se dispone a gobernar con ellos. Entre otras cosas porque eso demuestra la falsedad de su relato, en el que asegura que no negoció nada con quienes apoyaron su moción de censura. Mantener esos Presupuestos, y por tanto conservar sus privilegios, fue una exigencia del PNV a cambio de sus votos. La otra fue que las generales no coincidieran con las municipales, es decir, con las de las Juntas Generales del País Vasco. Sánchez aceptó. Es decir, pagó también por esos votos. Y, por más que lo niegue, también pactó con los independentistas catalanes algo peor que unas inversiones. El anuncio de su disposición a revisar algunas leyes catalanas tumbadas por el Constitucional fue una exigencia de los secesionistas, como revelan ahora, con orgullo y sin pudor, los propios independentistas.

Es obvio que el PP va a hacer una oposición durísima a Sánchez y que su mayoría absoluta en el Senado es su mejor arma para ponerle las cosas difíciles. Lo que no puede pretender el nuevo presidente es basar su estabilidad en hacer oposición a un PP que ya no gobierna. Eso le sirvió para sumar una mayoría y echar a Rajoy. Pero para demostrar que no es un presidente accidental y que tiene algo que aportar a España, tendrá que hacer algo más que poner a todos en contra del PP y reprocharle que le ponga las cosas difíciles.

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