El huevo de la serpiente


«Hay 13 muertos, de los cuales hemos identificado ya a siete personas: una mujer italiana, una mujer portuguesa, una mujer con doble nacionalidad española y argentina, dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española». Habían transcurrido apenas unas horas del terrible atentado en Barcelona del 17 de agosto del 2017, cuando el entonces consejero de Interior, Joaquim Forn, diferenciaba entre los muertos catalanes y los «de nacionalidad española». Para quienes todavía alberguen dudas de que el independentismo lleva años incubando el huevo de una serpiente cuyo veneno pretende extender en la sociedad catalana, esta es una buena muestra de la falta de escrúpulos de algunos líderes secesionistas a la hora de aprovechar cualquier circunstancia para inocular el germen de la división. Hoy, Forn no es ya consejero, sino un preso preventivo más de la cárcel de Estremera, acusado de sedición, rebelión y malversación de fondos públicos.

Pero los diez meses que Forn lleva en prisión no han servido para que recapacite sobre la indignidad que supone aprovechar un atentado terrorista para hacer política y sembrar la discordia entre los catalanes. Cuando se cumple un año de aquella matanza, Forn ha firmado, junto al resto de líderes separatistas que están presos por participar en el intento de golpe, una carta en la que critican al Estado por su «falta de colaboración» con la Generalitat durante los atentados. Más que a honrar la memoria de los fallecidos o a condenar a sus asesinos, dedican sus esfuerzos a criticar a las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia españoles y a alabar, por el contrario, a los cuerpos policiales catalanes. «Los Mossos hicieron un gran trabajo, pero queremos denunciar la falta de colaboración del Estado (sic)», señalan en la carta, al tiempo que lanzan insidias sobre «la estrecha relación entre el imán de Ripoll, el líder ideológico del atentado, y el CNI».

La carta se titula «No tenim por» (No tenemos miedo), apropiándose así del polémico lema «No tinc por» (No tengo miedo) de la manifestación del 26 de agosto del 2017 en repulsa por los atentados, que el independentismo convirtió ya entonces en un acto de reivindicación secesionista en el que no faltaron gritos contra España e insultos al rey Felipe VI, que participó en la concentración. El jefe del Estado asistirá también hoy, como es su deber, a los actos conmemorativos, después de que los secesionistas intentaran impedir su presencia. Nada me gustaría más que equivocarme, pero me temo que hoy volveremos a asistir en Barcelona a indignidades semejantes, protagonizadas por quienes incuban el huevo de la serpiente. Grupos radicales que en absoluto representan a la inmensa mayoría de una civilizada y ejemplar sociedad catalana que solo desea honrar la memoria de las víctimas.

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