Nosotras y las Otras


No resulta fácil entender el «gol por la escuadra», que, en sus propias palabras, ha encajado la ministra de Trabajo con el registro del sindicato de las Otras. Las Otras. Parecen una amenaza a todo un sistema de principios y valores ya por su nombre y su mayúscula inicial. Dudo, me pregunto: ¿sería la aprobación un scoop para la vuelta de las vacaciones de Valerio o una primera decisión sometida después a debate y revisión? «Me han colado un gol» es una frase simple, sin fondo, por la vía rápida, una metáfora fácil con pegada popular que cuesta un poco creerse, que hará quizá las delicias de un sector, y no parece manera de afrontar el episodio, ni la realidad compleja de la prostitución. El sentido de la realidad pone a prueba el pensamiento, acorrala la doctrina, suele invitarnos a la duda y a la contradicción. Pero hay cosas que están claras. Llamemos primero a la prostitución realidad, y además, si quieren, problema, lacra, amenaza para la integridad de la mujer y el camino por hacer de la igualdad. La prostitución existe, ¿la dejamos así de pancha y revuelta como está? Llámenla en rigor «negocio rentable», consideren que se calcula que mueve al año en España, donde se ejerce en el sustancioso limbo de la alegalidad, millones de euros al día, más de 3.000 millones al año. El que llaman el oficio más viejo del mundo es el único sector, dicen, que ha resistido la crisis, sigue haciendo caja por un tubo cuando el bolsillo aprieta, pero no ha conseguido blanquear el estigma del prejuicio y del estereotipo, liberarse del lastre del pudor, la gazmoñería y la reputación. Siento que algo hay de «feminismo burgués», de paridad de mesa camilla o de frivolidad gustosa de salón en la manera de referirse a la aprobación de este sindicato que reclama derechos laborales como bajas por enfermedad como un «desliz administrativo» que puede enmendarse a golpe de tuit y dimisión. Apuntan los que validan la decisión de Magdalena Valerio que Otras ampara en realidad al proxeneta, pero a priori, sindicato suena a ciertas garantías de protección, ¿o no?

¿Cuántas formas hay de venderse? Me resisto a pensar que el hecho de que una mujer, o un hombre, se prostituyan es una libre elección, pero oír a mujeres como Virginie Despentes, conocer su Teoría King Kong, da que pensar, abre el foco a otras vidas y formas de mirar. ¿Creamos el Ministerio de la Moral y la Libre Elección? ¿Son las Otras menos nosotras, menos libres y capaces para determinar si ese trabajo es en sí denigrante o no?

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