Tenemos más Pantoja


A mí me flipa el dato. Me flipa el porcentaje, me flipa que el jueves Gran Hermano Vip alcanzase ¡un 31% de audiencia!, un nunca visto en la televisión de hoy en día, que lleva al flipe de pensar que 3.200.000 personas estuvieran pendientes del reality. Pero los datos son los datos, y la verdad es que detrás de esta exhibición portentosa de éxito está, una vez más, Isabel Pantoja. Un personaje más allá del folclore que consigue remover los instintos del público hasta límites insospechados. Si la vida de la tonadillera fuese llevada a una serie de Netflix, de la categoría de la de Luis Miguel, sería un bombazo sin parangón. No hay historia con más recovecos, con más luchas intestinas, con más tragedia, con más exceso y con más carencias al tiempo que la de Isabel. Solo hay que ver su poder de seducción ante un público que la devora siempre y en cualquier circunstancia. La Pantoja se esconde y se vuelca a la vez, se va y se viene, pero es incapaz de no exhibirse finalmente ante la cámara. Sus llamadas a Sálvame, la expulsión de su hija de Gran Hermano, su enfrentamiento con la exniñera forman parte de este nuevo show que ha montado en el escenario televisivo. No importa ya el pasado, da igual el banquillo, la cárcel, Julián Muñoz y el dientes-dientes. Isabel Pantoja se ha rehecho como un fenómeno mediático y la audiencia ha decidido que no debe abandonar la casa.

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