¿Goodbye, Lenin?


Redacción / la voz

Fracasó en su intento de tomar los cielos al asalto. En la caída, Pablo Iglesias perdió una vicepresidencia que ya daba por hecha. Se compró un chalé. Depuró a su entorno. Se fue quedando solo. Se dejó, por lo menos virtualmente, la mitad de los escaños. Regresó. Más bien, vuELvió. Los primeros días de campaña andaba muy crispado. Se compró una Constitución o la tomó prestada, la subrayó de arriba a abajo, y empezó a relajarse por los pueblos de España. Puede que sin quererlo, demostró que las encuestas son un gran reformatorio de fachadas. En dos días de abril, el hombre de la barricada se hizo pasar por estadista dialogante y moderado. Con él, dijo, se pacificará España. Tapó con un jersey sus antebrazos. No tenía difícil sobresalir en el último debate. Le bastó con hablar pausado. Fue un cambio estético, solo en las formas. En el fondo, Pablo Iglesias sigue siendo Pablo Iglesias, candidato de Unidas Podemos. O sea, Hello, Lenin. Se le vio el plumero mientras suplicaba las llaves del cielo a su san Pedro. La autoinvitación no coló. Sánchez lo dijo lo más claro que se dicen las cosas en el PSOE: con Pablo Iglesias, de entrada, no.

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