Cómo recordaremos todo esto


El 2020 se nos está haciendo eterno y todavía no hemos transitado ni la mitad del camino. Parecía majo cuando llegó. El veinte veinte. Pero no es difícil imaginarse a los encargados de retransmitir las campanadas despidiendo el año con un corte de mangas o un sincero «hasta nunca» mientras disimulan el frío y levantan sus copas. Parece que ha pasado un siglo desde el 2019. El 2020 tendría que ser la bofetada definitiva para los negacionistas absolutos, los que aseguran desde su pedestal que aquí nunca pasa nada porque el primer mundo lo tiene todo bajo control: no necesitamos vacunas, el cambio climático es un cuento de los científicos, el ébola es un problema del Congo que no nos afecta y lo mejor es que cada uno se busque la vida por su cuenta. Pero hemos visto cosas que no imaginábamos. Calles absolutamente vacías en ciudades paralizadas. Aulas desiertas en pleno curso. Morgues y hospitales improvisados. Colas en la acera para entrar en el súper. Vecinos a la caza de la última botella de lejía y de la penúltima mascarilla. Grupos especiales desinfectando paradas de autobús. Hasta Charlie Brooker, el creador de Black Mirror, rey de la distopía, ha confesado que se siente superado por la realidad. Con el aquí y el ahora. ¿Cómo recordaremos todo esto? Para muchos, como una pesadilla en la que se despidieron antes de tiempo de quien más querían. Para los chavales, como aquel curso raro en el que tuvieron que apañarse desde casa sin profesores ni compañeros. Para casi todos será aquella primavera robada (mucho más que el mes de abril). Queda por ver si nos acordaremos de estos tiempos como el principio de lo que el Gobierno ha dado en llamar «nueva normalidad». Pero tendría que ser un toque de atención.

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