El lado estético de nuestros políticos


Vivimos en un momento en el que gustar a los demás se está convirtiendo en una necesidad, porque ser atractivo es importante en la vida personal y profesional y se hace imprescindible para aquellos que han de comunicarse con el pueblo llano a través de las omnipresentes pantallas de televisión y de las redes sociales. Las técnicas poco invasivas de la cirugía y medicina estética se han hecho populares, aunque los hombres prefieren ser muy reservados cuando se aproximan a estos procedimientos, por haber sido utilizados durante las últimas décadas, con mucha mayor frecuencia, por las mujeres.

Ser bien parecido, en el momento actual, no es suficiente porque todo es mejorable y los guapos pueden caer en la tentación de intentar reparar sus estudiados defectos o en ir en la búsqueda de aparentar ser más joven. Los políticos de la actualidad no han querido dejar de lado la oportunidad de embellecerse y han caído en la tentación de hacerse las manipulaciones que sus asesores han creído oportunas.

Por eso, en el período de confinamiento, a lo largo de las apariciones televisivas de varios de ellos, hemos podido contemplar la presencia habitual del tinte capilar y la depilación de las cejas, junto a la evidencia de arreglos estéticos médico-quirúrgicos que se hacen obvios por la forzada expresividad corporal que aflora durante sus intervenciones.

Alguno de nuestros líderes tiene implantes capilares para mejorar su calva, la inmensa mayoría se han quedado sin arrugas en el entrecejo; pero eso lleva consigo la necesidad de paralizar la frente para que no suban las zonas laterales y el paciente no adquiera la apariencia del señor Spock de la serie Star Trek, aunque, en la mayoría de los casos, el problema, afortunadamente, se queda en una posición más rígida de los arcos trascendentales en la expresión facial, es decir, las cejas, lo que produce una severidad del rostro que se hace todavía más evidente por la parálisis parcial de la musculatura lateral de los pómulos, buscada y provocada para acabar con las patas de gallo.

Si se exceden, en vez de conseguir tener la piel lisa y una mirada profunda lo que se logra es inexpresión y una mirada adulterada. No falta el que, además, de mejorar y esconder las cicatrices faciales del acné, en el intento de suavizar los surcos bucales, acaba con un labio superior rígido, con el aspecto de una persiana bajada, que le impide exponer los incisivos superiores; que antes permanentemente exhibía, privándole de mostrar una sonrisa natural. Durante su dialéctica a través de las pantallas solo puede mostrar el borde de los incisivos inferiores, lo que resulta poco natural, sobre todo en los instantes en que su discurso sube de tono para enfatizar lo importante. La cara no debe dar la sensación de una estampa rígida, envuelta en un grueso maquillaje porque da una sensación poco espontánea y robotizada.

Tras lo dicho, no saquen la conclusión de que las técnicas estéticas son contraproducentes, todo lo contrario, pero el equilibrio es necesario para conseguir naturalidad y caras expresivas. En los tiempos que corren, es bueno ser discreto, a la hora de encarcelar los defectos para conseguir ser plácido y suave.

Por Francisco Martelo Cirujano plástico y secretario general de la Real Academia Gallega de Medicina
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