Tierra, trágame


Quién sabe si, en el instante previo a soltar la parrafada en el Congreso, Salvador Illa está tomando asiento o escondiéndose bajo la mesa. Quién sabe si sus ojos contemplan cómo otros diputados cargan con granos de arroz sus bolis-cerbatana, pues así sigue la cosa política en plena pandemia, ergo no es cierto que el Congreso sea un espejo de España: es una escuela sin maestros repleta de repetidores malcriados a los que solo preocupa su recreo y su merienda. Quién sabe si el Tierra, trágame de Illa no será un acto reflejo por la vergüenza que él y todos ellos, casados y abascales, rufianes y monteros, están dando desde el delirante, triste, patético día de autos y banderas de Sánchez y Díaz Ayuso. Pues no habrá suficientes mesas en España para esconder tanta incompetencia. Sí se sabe que estos servidores públicos están haciendo historia. Por fin han empezado a doblegar la curva. No la de contagios. La curva de la paciencia infinita de todos los españoles.

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