El «bizarro» ''raro'' está aquí


U n diputado argentino dijo recientemente, a propósito de cierto episodio ocurrido en su país, que la de la víspera «fue una noche absurda y bizarra para la democracia». Casi simultáneamente, un diario madrileño explicaba que «El presidente del Gobierno de España escenifica una bizarra comparecencia con la presidenta Díaz Ayuso». En este mismo periódico hemos podido leer en un reportaje sobre los chonipubs: «Reivindiquemos los antros. Con su aire clandestino, bizarro y maldito». Todos ellos emplean el adjetivo bizarro con un sentido que se le da en varios países americanos y que en algunos ambientes españoles suscita un fuerte rechazo.

Dice el Diccionario de americanismos que por allá bizarro significa, referido a cosa, ‘extraño, raro, insólito’. El sentido con el que se utiliza más frecuentemente en España es el de ‘valiente’, sobre el que María Moliner matiza que «no se aplica corrientemente más que a militares, frecuentemente como epíteto humorístico, y los que lo usan le dan más bien sentido de apuesto». Fernán Caballero dice en el retrato que hace del general Santa María: «Español como Pelayo, y bizarro como el Cid». El diccionario de la Academia añade la acepción de ‘generoso, lucido, espléndido’, y sitúa el origen de esta voz en el italiano bizzarro, ‘iracundo’. Ese sentido, con el que hoy ya no se usa, le da Boccaccio, que señala que es palabra de los florentinos. Los diccionarios de italiano actuales dicen que bizzarro es ‘singular, original, extravagante’.

En el siglo XVI, el italiano bizzarro saltó al francés como bizarre, ‘que suscita extrañeza’. Y del francés pasó al inglés, también como bizarre, ‘muy raro o inusual’. Por aquí, el Diccionario de autoridades dio en 1726 dos definiciones muy amplias de este adjetivo: «Generoso, alentado, gallardo, lleno de noble espiritu, lozanía y valór» y «Vale tambien lucído, mui galan, esplendido y adornado». Las actuales del DLE son una síntesis de estas.

Así estaban las cosas cuando por aquí empezó a emplearse bizarro, aplicado a cosas, como ‘raro, extravagante’, que muchos españoles interesados en estas cosas han combatido activamente y que la propia Academia tildaba no hace muchos años de «calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre». Pero cuando el respetable se pone terco y dice que ese bizarro ‘raro’ está aquí para quedarse, la RAE anuncia con la boca pequeña su incorporación al Diccionario. Cosas más bizarras se han visto.

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