Y el diablo sacó las uñas


Nunca un ataque a la democracia se plasmó en tan pocos centímetros cuadrados: «Trump 2021» lo dice todo, aunque a la propietaria de esta manicura aún le quedaría espacio para escribir caiga quien caiga, como si cae América entera con tal de hacer al tío Donald great again. Estas uñas fanáticas ante el Capitolio sujetan un póster diabólico de una cara espejo del alma, unos ojos inyectados en hiel, una mirada rencorosa, unas cejas populistas, una nariz que huele a odio, una boca ausente, que no está, pero hasta los colmillos y los hilos de saliva se le pueden intuir. Es el rostro de Donald persona-muy-especial Trump sacando las uñas contra su propio pueblo, un virus desbocado en una América en plena pandemia, un hombre de muy mal perder con un botón nuclear entre las piernas. Si su meta en la vida era quitarle el puesto al mismísimo Lucifer, Trump debería haberse quedado satisfecho. Tratándose de quien se trata, hay dudas razonables de que así sea.

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