El marrón se suma a los colores del reciclaje

El concejo implantará el quinto contenedor de basura, destinado a los restos orgánicos, que se enviarán a Cogersa para ayudar a producir electricidad mediante un procedimiento limpio

Cubo marrón dedicado a los residuos orgánicos

Redacción

Nunca se recicla bastante. Por término medio, según la oficina estadística europea Eurostat y el Ministerio de Medio Ambiente, cada español genera 440 kilos de basura doméstica al año (y la cifra, que es del 2015, se queda obsoleta a cada minuto; las estimaciones apuntan a que será el doble en el 2025), de manera que el mandamiento de las tres erres ?reducir, reciclar y reutilizar? aparece en todas las recomendaciones de los expertos para evitar que, literalmente, no haya espacio donde acumular tantos residuos. Su aplicación es la única manera de evitar que la fracción resto (los residuos mezclados, que no se pueden reciclar y acaban en el vertedero) siga siendo tan elevada: el 38% de la basura enterrada cada año en Serín son biorresiduos procedentes de las cocinas y las huertas. Como concejo, Oviedo se ha adherido al objetivo de facilitar la clasificación y el reciclaje de las basuras y el compromiso empezará de inmediato a verse en las calles: un nuevo cubo, de color marrón, servirá para separar los restos orgánicos y facilitar a Cogersa la labor de tratarlos en su planta de biometanización, donde consigue un gas capaz de alimentar un proceso limpio de generación de electricidad.

El consorcio autonómico para la gestión de las basuras desea que los concejos se impliquen más a fondo en la separación y el reciclaje, porque si los residuos no se mezclan desde el principio su recuperación es más sencilla que si unos y otros se contaminan. Además, la planta de biometanización, situada en el vertedero central de Asturias en Serín, está infrautilizada. Tiene capacidad para hacerse cargo de 30.000 toneladas al año y apenas recibe 900.

Oviedo será uno de los primeros concejos, y el pionero entre los más poblados de la región, en poner en marcha un sistema integral de cubos marrones que cubrirá todo el término municipal y cuyo contenido se recogerá a menudo: tres veces por semana en las zonas urbanas, según el compromiso del Ayuntamiento. La frecuencia sirve tanto para alimentar la biometanización como par evitar malos olores por la acumulación de basura en las calles. Los barrios quedarán divididos en dos zonas. En la primera, se retirarán los restos orgánicos cada lunes, miércoles y viernes, mientras que en la segunda los operarios pasarán los martes, jueves y sábados. En la zona rural, se instalarán grandes contenedores con un cierre que solo podrá desactivarse con una tarjeta electrónica que se entregará a los usuarios del sistema.

Para usar el nuevo sistema con propiedad ese quinto cubo, que bien a unirse al verde para el vidrio, el azul para el cartón y el papel, el amarillo para los envases y el genérico para el resto, Cogersa y el Ayuntamiento han señalado a los usuarios qué cabe considerar basura orgánica y qué no en los casos dudosos. Lo que puede ir al cubo y al contenedor marrón son los restos de fruta y verdura, las cáscaras de huevo y de frutos secos, el pan, los huesos y las espinas, el papel sucio de cocina y las servilletas de papel, además de flores y hojas. En cambio, no es el destino correcto para  cenizas, tierra, colillas, pañales, compresas, tampones o excrementos de animales.

La separación de esos restos orgánicos facilitará también el cumplimiento de los objetivos de reciclaje recomendados por la Unión Europea para el año 2020, que pasan por rebajar un 10% la generación de residuos, erradicar el enterramiento directo de la basura (Alemania ya lo ha logrado) y conseguir que la mitad de los residuos sean aptos para la reutilización y el reciclaje. Como consumidores, hay un paso previo para reducir lo que todos enviamos al cubo: reutilizar, comprar solo lo necesario y evitar los artículos envueltos en un embalaje excesivo.

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