Las cuatro cosas que no debes creer sobre Walt Disney y una que sí

¿Por qué todos sus personajes se quedan sin padres? El genio de la animación fue criado por una familia de Chicago. Sus raíces biológicas, dice la leyenda, están en un pueblo andaluz


El 30 de noviembre de 1966, Walt Disney fue ingresado en un centro médico cercano a su estudio cinematográfico. El mundo enteró creyó a pies juntillas la explicación de su familia: que la hospitalización respondía a un chequeo médico rutinario. Dos semanas más tarde, hace hoy exactamente 50 años, los familiares del padre de Mickey Mouse volvieron a tomar la palabra públicamente para anunciar que el productor, director y guionista había fallecido. Padecía un agresivo cáncer de pulmón del que nadie ajeno a su círculo cercano supo nada hasta el último momento. El funeral se celebró a puerta cerrada; se pidió expresamente que no se enviasen coronas de flores al cementerio. Nadie, excepto sus seres queridos, vio nunca su cadáver. E inmediatamente, causa-efecto, la máquina expendedora de rumores se puso en marcha. Desde entonces y hasta ahora, todo tipo de especulaciones han alimentado la leyenda del genio de la animación. La mayoría, sin ningún tipo de fundamento. Desmontamos el cuento:  

-Dicen que Walt Disney nació en España, concretamente en Mojácar, un pueblo andaluz colgado de una montaña, de casas blancas y callejones contraídos. Y dicen que, en realidad, Walter Elias Disney fue registrado a su llegada al mundo como José Guirao Zamora. Cuentan las lenguas desatadas que su madre, Isabel Zamora, era una lavandera del lugar y su supuesto padre, Ginés Carrillo, un médico que tras el parto prefirió mirar hacia otro lado y negar sus genes en el pequeño Walt. La señora hizo las maletas y puso rumbo a las Américas para reunirse con su hermano, que vivía en Chicago. Una vez allí, entregó a su retoño al matrimonio Disney. Refuerza la historia una confesión del director a su amigo Salvador Dalí, a quien conoció en 1945 durante el rodaje de Recuerda de Hitchcock: «Mis orígenes son andaluces». Dicen también que la llamada de la sangre le llevó a plantearse levantar uno de sus parques temáticos en el mismísimo Cabo de Gata.

-Cuentan que Walt Disney está congelado. Que, por deseo expreso y con la intención de «burlar» a la muerte, dejó instrucciones de criogenizar su cuerpo y ser despertado cuando la ciencia diese con la cura de su enfermedad. No lo está, pero la leyenda no escatima en detalles. Cuentan que la familia sugirió a aquellos empeñados en enviar flores a su tumba que, en lugar de invertir en crisantemos, los hiciesen en donaciones para el Instituto de las Artes de California, fundado por el propio cineasta. La versión más oscura de la historia mantiene que tales aportaciones fueron en realidad destinadas a financiar el proceso, un procedimiento experimental llevado a cabo en un laboratorio de California y que, según el mito, consistió en extraer toda la sangre del cuerpo de Walt, reemplazándola por un líquido que no cristalizaba al ser sometido a bajas temperaturas, y congelarlo en nitrógeno líquido. En realidad, el creador del pato Donald fue incinerado. Sus cenizas reposan en el panteón familiar, en el cementerio Forest Lawn Memorial Park de Glendale en la ciudad de Los Ángeles, compartiendo emplazamiento con las de Humphrey Bogart o Errol Flynn.

-Aseguran que Walt Disney era nazi. Que comulgaba firme y abiertamente con la ideología de Hitler, que durante los años treinta asistía con frecuencia a mítines profascistas, que frecuentaba un grupo antisemita y anticomunista conocido como Motion Picture Alliance for the Preservation of American Ideals, organización de la que se distanció años más tarde. Aseguran, además, que en sus primeros trabajos abundan los estereotipos étnicos, que un par de veces se reunió con Mussolini y que su estudio apoyó con una inusitada amabilidad a Leni Riefenstahl, documentalista oficial del pensamiento nazi. Sin embargo, su cortometraje Der Fuehrer's Face apunta en dirección opuesta. El escueto filme supone una crítica clara y feroz al régimen totalitario alemán. Estalló la Segunda Guerra Mundial y Walt Disney se posicionó sin medias tintas a favor de los aliados y, sin tampoco dudarlo, contribuyó con gusto en la labor propagandística estadounidense, incitando a los jóvenes americanos con sus piezas a enrolarse en las filas del Ejército.

-Algunas voces insisten en que Walt Disney no sabía ni coger un lápiz. En que el artífice del ratón más famoso del mundo no es el icono internacional de la animación, sino uno de sus colegas, un holandés llamado Ub Iwerks. Las teorías opuestas defienden sin embargo que el cineasta fue un artista precoz, que se dedicó al trazo apasionadamente. No hay discusión posible, sin embargo,sobre el hecho de que Walt fue el responsable de la personalidad de Mickey, a quien, encantado, dotó de su propia voz.

 -Basándose en más de 500 documentos del FBI, Marc Eliot desvela en el tomo Walt Disney: el príncipe negro de Hollywood que el creador de sueños, dueño de una endeble personalidad, fue manipulado por el célebre director de la oficina de investigación federal J. Edgar Hoover. Según las pesquisas del autor del polémico tratado, el cineasta fue un miembro activo de la caza de brujas de McCarthy, un chivato dedicado a husmear en Hollywood para delatar después a las personalidades del mundo del celuloide que simpatizaban con el comunismo. «Disney tenía un carácter despiadado, especialmente con la gente a la que consideraba de izquierdas. Prestó testimonio de manera entusiasta ante la Comisión de Actividades Antinorteamericanas del Congreso y detalló lo que él veía como planes comunistas para apoderarse de Hollywood. Incluso se puso en contacto con el FBI sobre una supuesta infiltración comunista», revela Neal Gabler en el libro Walt Disney, el triunfo de la imaginación norteamericana. «Cuando sus dibujantes intentaron formar un sindicato, contrató a guardias armados. Despidió a los organizadores, bajó los salarios y redujo las horas en que la cafetería del estudio estaba abierta. En una ocasión, frente a un piquete en la calle, tuvieron que frenarlo para que no atacara al líder de la acción de protesta». 

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