China se cuela en el «zapping» mundial

Las productoras audiovisuales del gigante asiático, hartas de importar productos, quieren entrar en Occidente; eso sí, con formatos exentos de polémica, drogas o sexo


redacción / la voz

El último grito en materia estética en el gigante asiático es parecerse a Ivanka Trump. En China, la hija del presidente de Estados Unidos triunfa tanto que su línea de ropa se agota y las operaciones quirúrgicas para conseguir sus rasgos se multiplican. Igual que el fervor por la lengua de Cervantes, más desde que el programa El Gran Concurso de Español arrasara en la televisión estatal empezase a emitir hace tres años. Sin embargo, las intenciones de las autoridades y productoras chinas, hartas de que se intente inculcar un modelo social del todo alejado al férreo sistema del país, ha favorecido no solo que las cadenas de televisión se blinden a la hora de difundir programas extranjeros -entre las 19.30 y las 22.30 horas no pueden emitir más de dos programas importados a lo largo del año y Netflix, por ejemplo, no ha conseguido colarse en la parrilla-, sino que, como se ha confirmado en el mayor festival del mundo de televisión, el MIPTV de Cannes, ahora el «made in China» se podrá ver también en pantallas de todo el mundo.

Como explica Zhu Tao, director de programación de Shangai Media Group (SMG) al diario francés Le Monde, «tenemos muchos productos importados, ahora es nuestro turno para la exportación. Esto es un diálogo que va en ambas direcciones». Por su parte, Sandrine Roustan, antigua directora de France 4 que en la actualidad aconseja a SMG en su estrategia internacional afirma que «todo el mundo quiere volver a casa, pero los chinos están cansados de ser vistos como compradores. Ahora quieren vender sus formatos». De hecho, esta empresa acaba de firmar un acuerdo con Endemol -responsable de productos como Masterchef o Gran Hermano- para comercializar diferentes concursos musicales chinos en Europa. Por otro lado, la compañía de distribución americana Small World IFT acaba de obtener los derechos de Sing my Song, una auténtica revolución que en la actualidad emite CCTV3 -uno de los canales públicos del país-. Uno de los directivos de este canal, Zhang Ning, comentó en el MIPTV que China quiere conectarse con el mundo, también en materia audiovisual. Para ello, se ha embarcado, entre otros, en proyectos como la película documental Big Pacific, producida por cadenas de Nueva Zelanda, Alemania, Francia y Estados Unidos.

Esta propuesta documental refleja a la perfección el tipo de relaciones que, pequeña pantalla mediante, China quiere establecer con Occidente. Nada de polémicas, nada de sexo y nada de drogas. Estas son las premisas con las que saben que tienen que contar las productoras a la hora de unir lazos con el gigante asiático. Una televisión blanca «que no impida que este país se muestre internacionalmente», apunta a Le Monde Mathieu Béjot, director de TV France International.

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