«Tengo un regalito de Reyes para ti»

Las redes sociales son el caladero perfecto para los pedófilos que, camuflados, chantajean a los jóvenes para que les envíen fotos y vídeos en actitud sexual


redacción / la voz

Se han hecho expertos a base de pasar tardes y tardes delante del ordenador buscando su víctima. Y cada vez les resulta más fácil, ya que la barra libre de contactos que tienen los jóvenes en sus redes sociales, sumado a la mala praxis de haber perdido el miedo a hablar por desconocidos a través de la pantalla, hace que Facebook, Instagram o Snapchat sean el caladero perfecto de un pedófilo para conseguir su objetivo. El último caso analizado por la Audiencia de Ourense en materia de abuso de menores en la Red refleja un modus operandi que cada vez es más habitual en los pederastas.

El punto de partida, como hizo el acusado en la ciudad de As Burgas, es navegar por Internet y, en la Red, localizar a un menor. En uno de estos casos, el contacto entre el joven, de 12 años, y el adulto, de 38 -aunque fingía tener 18-, se produjo en una página web erótica: el gancho perfecto para que el joven se vea en la obligación de acceder a los deseos del interlocutor, que le chantajeará, más adelante, con revelarle a su madre información sobre las webs que visita si se atreve a dejar el contacto que mantienen.

Amenazas y coacción

«Como no quedes conmigo te voy a joder la vida» o «gracias por bloquearme y hablarles de mí. Ahora la has cagado», son algunas de las frases extraídas del teléfono del acusado de pederastia en Ourense y que, por desgracia, no son un caso aislado. «Revelan la persuasión y la manipulación de estos tipos, que junto con la empatía son rasgos que los definen bastante bien», apunta el catedrático de Psicología de la USC, Jorge Sobral. Así, este tipo de amenazas llegan cuando el pedófilo, que en muchos casos intenta camelar a sus víctimas con obsequios, no es capaz de saciar su interés inmediato de sexo. El protagonista de este caso de delitos sexuales no dejó escapar esta vía en los múltiples mensajes que enviaba al menor. De hecho, en uno de ellos se podía leer: «Tengo un regalito de Reyes para ti», pero al obtener un feedback negativo, las cosas se pusieron feas. «Sabes que me lo debes, será la última, pero me lo debes: cuanto antes mejor, así ya no te molesto más con esto», le escribió el adulto.

La obsesión de los abusadores por alcanzar cuanto antes su objetivo es peligrosa per se, pero se incrementa cuando es precisamente al sector adolescente al que quieren camelar. «Están en una edad en la que tienen un especial interés por el sexo. Ese es el problema, que se confunden y pueden caer en la trampa fácilmente», comenta el experto en tecnología de la Policía Nacional, Eduardo Casas.

La carrera por ganar seguidores, el principal problema

Chico de 18 años comienza a seguir a niña de 13 en Instagram. La chica corresponde educadamente y lo incorpora a su lista de contactos de esta red social. Comienza la conversación: que cuántos años tienes, que a qué cole vas, que qué llevas puesto. La menor puede no entrar al trapo de lo que el chico demanda, pero si lo hace, probablemente acabe en un lío del que le costará salir. Ni el chico tiene 18 años ni las intenciones son buenas. Pero, «la lucha por tener más seguidores que los demás hace que muchos menores acepten a pedófilos camuflados sin darse cuenta», mantiene Eduardo Casas, experto en tecnología de la Policía Nacional.

Los cálculos de este especialista son aterradores: «En una sola tarde, un pederasta puede conseguir una vez su objetivo de que un menor le envíe una foto íntima». Además, explica: «Los jóvenes suelen subir a sus redes fotos más sugerentes de lo que lo haría un adulto, por eso es importante que mantengan sus perfiles privados y que configuren bien sus cuentas de Internet».

También los niños. El psicólogo Jorge Sobral afirma que de los abusos sexuales que sufren los menores «un 40 % son varones». Y añade el policía: «Además, los niños suelen tener menos pudor a la hora de enviar una foto desnudo o en actitud insinuante».

«Son más listos»

Si el menor ya ha caído en el error de iniciar una conversación con un pederasta camuflado y se da cuenta de las intenciones de este adulto, es imprescindible pedir ayuda a los padres. «En la adolescencia, los jóvenes quieren resolver los problemas por su cuenta, pero los abusadores son más listos que ellos y si no lo cuentan siempre salen perjudicados. Aunque parezca fácil decirlo, afrontar la situación de decir en casa que se sufre este problema es complicado, porque en muchos casos los niños son homosexuales y sus padres no lo saben o porque los pedófilos han contactado con ellos a través de páginas para adultos, pero son los progenitores los que tienen que ir a comisaría y denunciar», concluye Casas.

«No hay un perfil de pederastas»

Uno de los principales problemas con el que se encuentran los investigadores a la hora de perseguir estos delitos es que «no hay un perfil tipo de pederasta. De hecho, he llevado casos en los que los detenidos por este tipo específico de ilícito penal eran de distintos estatus sociales y edades dispares», apunta un experto policial.

Es por ello que, a su juicio, el papel de los padres resulta fundamental para detectar que sus hijos son el objetivo de un pedófilo. La principal recomendación a los progenitores es que se fijen «en la actividad que realiza su hijo con los terminales móviles y, sobre todo, chats». Esto no solo les permitirá «verificar con quien se relaciona» el menor, sino «qué información personal está cediendo» a otros usuarios.

El objetivo último que buscan los pedófilos es establecer contacto con el niño, si bien lo cierto es que el contacto físico «no es lo más común. Pero se han dado casos de llegar a tener encuentros reales», precisan.

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