El atracón de alcohol de fin de semana cambia la actividad cerebral

Un estudio de la USC revela que los jóvenes pierden su capacidad de respuesta ante estímulos externos

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redacción / la voz

Cinco o seis bebidas de alcohol para los hombres o cuatro o más para las mujeres en un período de dos horas. Parece una ingesta exagerada, pero es una práctica habitual en jóvenes y adolescentes durante los fines de semana. Es lo que se conoce como binge drinking o atracón de alcohol, que se traduce en un consumo intenso durante un corto período de tiempo, algo frecuente en los botellones. Pero este hábito, aunque sea ocasional, no es inocuo. Produce un cambio en la actividad cerebral que provoca una disminución en la capacidad de respuesta ante estímulos exteriores, lo que dificulta la capacidad de procesamiento de la información, e induce a un retraso en el desarrollo cerebral. O, lo que es lo mismo, los jóvenes que adoptan este comportamiento en el consumo de alcohol corren el riesgo de que su cerebro no llegue a completarse del todo. Es lo que se ha visto en un estudio realizado por investigadores de las universidades de Santiago y Minho (Braga) que acaba de ser publicado en la revista científica Frontiers in Behavioral Neuroscience. Los científicos realizaron cuestionarios a 1.000 alumnos de la Universidad Complutense de Madrid, de los que 80 fueron seleccionados para el estudio. La mitad participaban en prácticas de consumo intensivo de alcohol y la otra se correspondió con un grupo de control.

Lo que querían observar era qué ocurría en el cerebro en reposo en este tipo de consumidores de alcohol, cuando están relajados. Y lo que observaron fue que, aún en ese estado, se produce una hiperactividad cerebral, una especie de excitabilidad neuronal. ¿Cuál es la consecuencia? «Limita la capacidad de procesamiento de la información que reciben del exterior, por lo que disminuye la capacidad de respuesta ante estímulos externos», explica Eduardo López-Caneda, primer autor de un estudio coordinado por el catedrático de Psicología de la USC Fernando Cadaveira. Es el primer signo de daño cerebral.

Los investigadores también advirtieron en los practicantes del binge drinking patrones que se corresponden con el de personas alcohólicas y confirmaron que existe una relación entre el inicio del consumo a una edad temprana con el abuso de alcohol cuando son jóvenes o adultos. Y cuanto antes se empiece a beber de forma intensiva mayor es el riesgo de que el cerebro no llegue a alcanzar su pleno desarrollo.

«El mensaje -apunta López- no es que los universitarios no puedan beber alcohol, sino que si lo hacen deben hacerlo de forma moderada, ya que con un consumo intensivo penetra antes en la sangre y en el cerebro».

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