¿Y tú de qué Shameless eres?

Si ya has cruzado la puerta de la casa de los Gallagher, en Chicago o en Mánchester, te habrás dado cuenta de que es imposible salir. Las aventuras de esta familia desestructurada enganchan en cualquiera de sus dos versiones.

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Yo aterricé en el 4404 de South Wallace en Chicago, la residencia familiar de los Gallagher americanos, por casualidad. La indicación era clara: «Shameless hay que verla sí o sí». Cómo imaginar que aquella familia no era única, que había otros Gallagher en Mánchester: los originales. Cuando se entra en el inevitable debate, porque se entra, los argumentos atienden a todo tipo de razones, desde si el humor inglés le da mil vueltas, pero como la calidad americana no hay nada, que si la Fiona inglesa está bien, pero claro a ver quién le dice que no a una Emily Rossum que lo borda... Puede que los bandos no estén muy descompensados, porque con ninguna de las dos podrás dejar de darle al play.

Los Gallagher son una familia desestructurada. Un hogar donde a priori a nadie le gustaría residir. Un grupo de hermanos al que su madre dejó para irse contra mujer y que sobreviven como pueden. Eso, mientras aguantan a Frank, su padre, que deambula alcoholizado por la casa y que lejos de hacerles la vida más fácil, se la complica. Menos mal que son inteligentes y espabilados, y aunque Fiona (la hermana mayor que se ha echado encima a la familia) trata de disimularlo, siempre acaba tomando las decisiones correctas. En cuanto a Fiona parece que hay unanimidad, la morena (Emily Rossum) le ha ganado la batalla a la rubia (Anne Marie Duff). Creo que Steve no es el único que se ha rendido a sus encantos. Y aunque es incuestionable su peso y responsabilidad tanto en la familia como en la serie, el resto de sus hermanos no se quedan atrás. Todos ellos son protagonistas de estas aventuras familiares salpicadas de sexo, drogas y violencia.

Drama y comedia

A un lado y otro del charco Frank Gallagher es una especie de antihéroe. Un ser que haría cualquier cosa por una cerveza y que aunque puede resultar repulsivo en ocasiones, otras resulta imposible no encariñarse con él. Y parece que el americano tiene más papeletas para ello.

Tanto la versión original (2004) como el remake (2011) alternan pinceladas de drama con tintes de comedia, una fórmula que puede explicar que Shameless se haya convertido en una serie de culto. Dicen que la americana es más edulcorada y que la inglesa tiene un punto más ácido. Hay incluso quien plantea que la segunda es la versión maquillada de la primera porque los Gallagher americanos llevan el sello de Warner Bros. A través de Showtime la casa de los Gallagher en Chicago se ve simplemente desordenada, mientras que la de sus dobles ingleses es un foco de infección. Precisamente esta cruda realidad es uno de los aspectos a los que se agarran los incondicionales del Shameless inglés para defender el copyright.

Y si hace falta decir que los personajes hasta tienen los dientes más amarillos pues lo hacen. Que cada uno defienda su Shameless, porque en el fondo todos queremos ser políticamente incorrectos, todos queremos entrar en casa de los Gallagher, ya sea en Chicago o en Mánchester. ¡Frank, adóptame!

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