El coche del detenido fue visto en una cámara de la autovía la noche que desapareció Diana Quer

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

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CARMELA QUEIJEIRO

La esposa también fue arrestada por encubrir a su marido al declarar que estaba con él ese día

30 dic 2017 . Actualizado a las 18:28 h.

Un año y cuatro meses después de la desaparición de Diana Quer, ocurrida el 22 de agosto de 2016 en A Pobra do Caramiñal, la Guardia Civil arrestó este viernes a dos vecinos de Rianxo que son pareja. Él se llama José Enrique Abuín Gey, el Chicle, y es el principal sospechoso de la desaparición de la joven madrileña. Rosario Rodríguez, madre del hijo que ambos tienen, también fue detenida bajo la acusación de encubrimiento. La clave del caso la defendió siempre la Guardia Civil, y no se equivocó. Para resolver la desaparición de Diana Quer había que husmear en el teléfono móvil de la joven y encontrar otro que hiciera el mismo recorrido y a las mismas horas.

El análisis técnico de despacho para cotejar los miles y miles de datos recogidos por los repetidores de telefonía móvil, principalmente en Arousa norte, pero también en la parte sur de la ría, implicaron muchos meses de trabajo para rastrear coincidencias de hora y ubicación de celulares en aquella madrugada. Las pesquisas dieron sus frutos hace ya varios meses, hasta el punto de que los investigadores pudieron concretar tanto la búsqueda que acabaron señalando al Chicle, un viejo conocido de la Guardia Civil en Barbanza, en el resto de la provincia y en los juzgados de Santa Uxía de Ribeira.

Las señales emitidas por los teléfonos del Chicle y de la joven madrileña aquella noche, junto a la localización del turismo que en aquel momento tenía el detenido y que pudo ser reconocido con mucho esfuerzo en imágenes captadas por una cámara de la autovía de Barbanza (AG-11), hicieron que el principal sospechoso de la desaparición y muerte empezara a sentir cada vez más cerca el aliento de los investigadores en la nuca. El hecho de que las mismas señales lo ubicasen en A Pobra, localidad en la que fue vista por última vez Diana Quer, fue el enésimo argumento de los agentes para seguir atornillando su tesis.

Coartada rocosa

Primero le tomaron declaraciones informales en puestos de la Guardia Civil, luego llegaron los interrogatorios formales para, según parece, acabar siendo imputado oficialmente. La acusación judicial se acabaría levantando por falta de pruebas contundentes que, en la fase de instrucción o en el juicio, podían desmontarse. De ahí la prudencia de los agentes y del juez para no echar por tierra el trabajo de tantos meses. La mujer del Chicle, Rosario Rodríguez, siempre generó recelo. Sobre todo desde que prestó declaración ante la Guardia Civil asegurando que en la madrugada de aquel 22 de agosto del 2016 estuvo junto a él toda la noche, dotando a su marido de una coartada aparentemente rocosa.

La investigación todavía no está completa. Los registros de la casa de la pareja detenida y las declaraciones de ambos acusados, este viernes y en las próximas 48 horas, se antojan fundamentales para completar el trabajo policial y dotarlo de consistencia una vez iniciada la vía judicial. Los cerca de 15 agentes que este viernes se dejaron ver en el registro de la casa recogieron algunos enseres que serán analizados en el laboratorio científico de la Comandancia de la Guardia Civil de A Coruña. El turismo registrado este viernes, y que actualmente utiliza José Enrique Abuín Gey, también fue revisado. Algunas fuentes indicaban que, aparentemente, no se localizó nada relevante, aunque será necesario esperar a los resultados de las pruebas de laboratorio. Parece que el turismo inspeccionado este viernes no es el mismo que el Chicle utilizaba en el momento de la desaparición de Diana Quer. Algunos vecinos explican que este año se habría comprado un Audi A4, modelo ranchera, y que hace un año y cuatro meses usaba un Alfa Romeo, que es el turismo que los agentes quieren localizar para ampliar la búsqueda de ADN o de otros restos que puedan incriminar al Chicle.

Interrogatorios

Entre los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil movilizados a Galicia esta semana de urgencia desde Madrid por los rápidos avances en el caso, tal y como adelantó este viernes La Voz de Galicia, figuran especialistas en plantear estrategias de interrogatorios para que, incluso las personas con un carácter más fuerte, acaben reconociendo sus mayores pecados. Esta parte del trabajo comenzó este viernes en la Comandancia de A Coruña, a la que fueron trasladados los arrestados ya por la tarde desde Barbanza, y todas las partes consultadas aseguran que resulta crucial para llevar el caso a buen puerto. Aquí, además de tener gran importancia la confesión de cualquiera de los detenidos, lo más relevante para los investigadores es localizar el cuerpo de Diana Quer.

La denuncia por intento de agresión a una joven en Boiro fue crucial para acelerar las dos detenciones

Existe una máxima en la Guardia Civil que dice que cuando hay mucho movimiento por una investigación, la mejor forma de saber si está a punto de explotar es cuantificar cuántos mandos hay a plena actividad. Entre los más de 35 agentes de la UCO desplazados esta semana a Galicia había unos cuantos responsables del cuerpo, lo que sirvió de termómetro para calibrar lo que se cocía y estaba por venir. Los investigadores del caso Diana Quer siempre reconocieron que su trabajo podía llegar a buen puerto si alguno de los sospechosos cometía un desliz. Parece que ese lapsus sí se dio, y de la forma más escandalosa, si se confirma que la misma persona que habría cometido el intento de agresión a una joven de Boiro, el día 25, es José Enrique Abuín Gey, Chicle, el acusado formalmente de la desaparición de la joven. Lo que sí está confirmado es que esa denuncia aceleró toda la investigación e hizo trasladarse de urgencia a semejante batallón de integrantes de la UCO.

De inicio, fue necesario mantener la serenidad para no dejarse llevar por las pruebas incriminatorias acumuladas. Pero el testimonio de la joven denunciante de Boiro, a la que se habría intentado meter a la fuerza en un turismo utilizando un arma blanca, fue el argumento que se esperaba para reactivar el caso. Parece ser que otros dos vecinos de Boiro, que pasaban por el lugar de los hechos en ese momento, también se habrían lanzado sobre el turismo para evitar la presunta agresión, situación que reforzaría el caso con dos nuevos testimonios. Lo que resulta evidente es que todos estos argumentos policiales fueron vistos con buenos ojos por el juez instructor, que autorizó los registros y las detenciones hechas ayer.