¿Entregarán paquetes los drones?

En España, complicado por ahora, sobre todo en ciudad: la legislación sigue sin contemplar este transporte de mercancías; preferir vivir en pisos, en lugar de en casas unifamiliares, no ayuda

.

Redacción / La Voz

Somos la colmena de Europa: a diferencia de nuestros vecinos, que prefieren la intimidad de las viviendas unifamiliares, a los españoles nos gusta vivir apiñados verticalmente -el 66 % reside en bloques de edificios en altura, según datos de Eurostat, frente al 30 % de los francesas y al 20 % de los ingleses-, predilección que si bien cuenta con manifiestos beneficios sociales, es un dolor de muelas para el futuro de la logística. Tarde o temprano, será un dron y no un señor de carne y hueso el que deje frente a nuestra puerta (ventana o tejado) nuestros pedidos a domicilio. El problema es cómo llegará hasta ahí. Hasta el corazón de la ciudad. Hasta un séptimo izquierda.

Anticipan los primeros ensayos que el procedimiento será digno de una película futurista: un gran camión estacionará en un punto estratégico, su conductor apretará un botón, el botón abrirá una serie de compuertas, las compuertas liberarán un ejército de pequeños drones, los drones -previamente programados- alzarán el vuelo y pondrán rumbo a sus respectivos destinos, y allí depositarán cuidadosamente el paquete, darán media vuelta y regresarán al vehículo de reparto, ya de nuevo en marcha para ganar tiempo y, sobre todo, ahorrar costes. Así lo testó con éxito la pasada primavera el gigante UPS: robots elevándose desde el techo de sus tráileres mientras estos continuaban su camino. Funcionó. Pero lo hizo -eso sí- en la Florida más rural, en medio de la nada. Procedimiento similar siguió DHL en zonas de difícil acceso de la Alta Baviera; Amazon en plena campiña inglesa con fardos suspendidos en paracaídas; Google, Seur e incluso Correos en localizaciones remotas. Sin gente, sin atascos aéreos. ¿Podrá replicarse esta práctica en plena ciudad? ¿Llegará a sobrevolar un vehículo no tripulado el centro histórico de una capital, posarse siquiera en sus azoteas?

El rompecabezas tiene hasta tres piezas complicadas de encajar: el aparato en sí -el dron tiene que ser seguro, autónomo, soportar peso-, las leyes actuales y la propia arquitectura urbana, que exigiría un severo ajuste. Como mínimo, sería necesario implementar nuevas infraestructuras -estaciones de carga de baterías y centros logísticos- y reformar los inmuebles -¿dónde van a depositarse los paquetes?-.

La seguridad, lo primero

A pesar de haber sido actualizada hace apenas un mes, la normativa sigue impidiendo realizar en España repartos con drones. Y no parece que la cosa vaya a cambiar pronto: «No es posible garantizar la seguridad de las personas ni la de los bienes en tierra», apuntan desde la Agencia Estatal de Seguridad Aérea. «Tampoco la de otros aparatos aéreos, este escenario no se contempla en un futuro próximo», insisten.

A la seguridad añade Felipe Navío, presidente de la Asociación Española de Compañías Aéreas, otros dos factores clave del problema: el respeto a la intimidad y a la privacidad de la imagen, y los costes económicos. «Hay estudios que resaltan la falta de competitividad en costes entre una entrega punto a punto por medio de drones y el sistema de entregas consecutivas en lazo de un medio terrestre», apunta, convencido sin embargo de que en algún momento será una realidad: «Todavía tenemos que dar pasos en la dirección correcta». Coincide en su planteamiento la Asociación Española de RPAS, desde donde recuerdan que es «más caro transportar productos por aire que por tierra». «Teniendo en cuenta que hay muchos otros escenarios en lo que los drones proporcionan ventajas indudables frente a otros sistemas, es más probable que su desarrollo se enfoque más hacia ellos -valoran-. Eso es lo que ha ocurrido en el caso de las aplicaciones militares, en las que el uso de sistemas de no tripulados se ha centrado casi exclusivamente en la obtención de información más que en aplicaciones de transporte».

«Más que modificaciones en la ley, sería necesario el desarrollo de tecnologías e infraestructura que posibilitaran la utilización de drones para el transporte y el reparto de mercancías», añaden desde Aerpas, consideración que comparte Jorge Munir, director del área de Comunicaciones Avanzadas del centro tecnológico gallego Gradiant: «A largo plazo se conseguirá, pero será necesaria una fuerte inversión». ¿Y cómo sería ese escenario? «Con una excelente capacidad por parte de cada aeronave para identificar y esquivar obstáculos, coordinarse e incluso comunicarse con otras, adaptar su trayectoria en función de las diferentes incidencias que se vayan encontrando a lo largo de su ruta, tomar decisiones en tiempo real y resolver incidencias que afecten a la seguridad -prevé Munir-. Todo orquestado bajo plataformas debidamente interconectadas que supervisen y coordinen todos los drones». ¿Y las entregas? «En el futuro, cuando se desarrollen las tecnologías e infraestructuras, se utilizarán sistemas completamente automáticos que efectuarán la entrega en lugares de recogida especialmente habilitados para ello -calculan desde Aerpas-. Una vez producida la entrega, se avisará al destinatario, que podrá acceder al punto para recibir el paquete, produciéndose en ese momento la confirmación de la entrega». 

Nada de robots golpeando amablemente la ventana para depositar a través de ella, y en solo 30 minutos, nuestros codiciados pedidos.

Buzones inteligentes para poder recibir pedidos sin que haya nadie en casa

Con el sistema ideado por los vigueses Andrés Bustelo, Toño Fraga y Javier Nogueira ya no será necesario permanecer todo el día en casa a la espera de que el repartidor llame al timbre. Tampoco recurrir al lugar de trabajo como dirección de cabecera, incrementando los costes logísticos internos de la empresa, ni hacer malabarismos para ir a por el pedido a algún punto de recogida. Sus buzones electrónicos actualizan el tradicional concepto de casillero de portal a través de un sistema inteligente que permite ir un paso más allá en la logística de paquetería.

Se basa Send2Me, ganadora del Premio Emprendedor del año 2017, en lockers inteligentes y un sistema de claves de un solo uso que funcionan mediante una aplicación personal en el teléfono móvil. Sea cual sea la empresa de transporte, el repartidor podrá abrir el buzón, que cuenta además con las dimensiones adecuadas para albergar bultos de considerable tamaño.

A la hora de hacer un pedido a través de Internet, el usuario deberá introducir en el formulario el código de su buzón y su nombre, en lugar de su dirección postal. Al aceptar recibirlo mediante la aplicación móvil, se generará una clave de un solo uso, que será remitida al mensajero. Este código será necesario para depositar la mercancía dentro del buzón, que, una vez cerrado, generará una firma electrónica a modo de comprobante de entrega. En ese mismo momento, el cliente recibirá un aviso en su móvil. El paquete le espera en casa. El sistema no solo permite recibir pedidos sino también devolverlos, realizando el proceso a la inversa: se crea un código único de recepción para que el mensajero recoja el pedido aunque el cliente no se encuentre en casa.

Sus creadores estiman que los casilleros digitales, todavía en fase de desarrollo, no costarán más de 150 euros la unidad. Tendrán una batería aproximada de seis meses.

Valora este artículo

0 votos
Tags
Comentarios

¿Entregarán paquetes los drones?