El último e inesperado éxito de Elon Musk

El fundador de Tesla ha recaudado diez millones de dólares para su nuevo y peregrino proyecto (una compañía de excavación de túneles) vendiendo lanzallamas: 20.000 unidades en cuestión de horas

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Lanzallamas vendidos. Con este conciso mensaje y a través de su cuenta de Twitter, Elon Musk anunciaba a primera hora de este jueves que el objetivo estaba cumplido, que los 20.000 lanzallamas -lanzallamas, sí, esas enormes pistolas que proyectan fuego- customizados con el logo de su nueva compañía ya estaban colocados, lo que, sumado a los 3.000 extintores comercializados a mayores, se traduce en 10 millones de dólares más en la cuenta del fundador de Tesla que van directos a las arcas de su más reciente proyecto: una tuneladora bautizada como The Boring Company.

Todo este despropósito, aunque no lo parezca, es real. Se engendró durante un atasco en los Ángeles, mientras Musk -cofundador de PayPal, director general de la compañía aeroespacial SpaceX  y de la firma de coches eléctricos Tesla Motors, presidente de SolarCity y copresidente de OpenAI, dedicada a la inteligencia artificial-, desesperado por el valiosísimo tiempo perdido en ese Tetris de coches, aprovechó la pausa para darle cuerda a la imaginación. Bocetó ahí, atrapado, el que sería su próximo proyecto, una compañía de excavación e infraestructura, basada en un red de ascensores y túneles subterráneos, a los que los vehículos podrán acceder a través de plataformas cuando las carreteras estén muy congestionadas. 

El pasado mes de julio, Musk desveló que había llegado a un acuerdo verbal con las autoridades estadounidenses para comunicar las ciudades de Nueva York, Filadelfia, Baltimore y Washington D.C. Estimó que la distancia entre los puntos más alejados de este circuito podrá salvarse en apenas media hora de reloj y avanzó que también entre sus planes figuraba una ruta subterránea de Los Ángeles a San Francisco, y otro itinerario más en el estado de Texas. 

¿Pero cómo funcionará este peregrino proyecto? La idea de Musk es que los conductores cuenten con varios puntos de acceso al scalextric del subsuelo y que, ya a varios metros bajo tierra, sean disparados a 200 kilómetros por hora gracias a una lanzadera que les ahorrará no solo tiempo, también el esfuerzo de conducir. Contempla, además, incluir el transporte público (y eléctrico) en su particular corredor y aliviar así la congestión de hierros y gases en la superficie.

Los lanzallamas -para aquellos que se estén preguntando qué pintan 20.000 pistolas de fuego en toda esta historia- forman parte de la fase previa a la puesta en marcha del hyperloop, la del márketing, la de la recaudación de fondos. Con las obras de excavación ya en marcha en California, el multimillonario decidió celebrar el pistoletazo de salida vendiendo gorras con el logo de la compañía. Tal fue el éxito de sus viseras que prometió -uno de esos órdagos que se lanzan medio en broma, medio en serio- cambiar gorras por lanzallamas al superar el techo de las 50.000 unidades vendidas. La cifra récord se alcanzó este enero. Así que Musk, decidido a cumplir, le presentó al mundo su nuevo amigo.

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No solo eso. Fomentó con gracia su disparatado negocio, apelando a apocalipsis zombies y apuntando, ni corto ni perezoso, el interés que despiertan en los niños sus customizados artículos, que no son juguetes, y que Musk vende al módico precio de 500 dólares

La idea, que no persigue más que darle visibilidad a la marca, no supone sin embargo peligro alguno. Su aparatosa apariencia y ese fuego azul que desprende no alcanza las dimensiones necesarias para considerar este aparato un lanzallamas como tal y, por tanto, un arma

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Aunque actualmente están agotados, estos insólitos artículos de merchandising serán pronto repuestos en la web de The Boring Company. Visto el éxito, ya hay nueva hornada, 20.000 unidades en el horno que confirman el triunfo de lo excéntrico. No subestimen a Musk. Con tal poder de convicción, que a nadie le extrañe que más pronto que tarde termine montando su ansiado chiringuito en Marte.

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