«Salí de declarar ante el juez militar y en la puerta del cuartel me detuvo la policía»

El expresidente Vicente Álvarez Areces recuerda su participación en mayo del 68 en Santiago. Al entonces delegado de la sección de Matemáticas hasta le prohibieron el acceso al recinto universitario

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redacción

«Agitador de masas y activista. Detenido varias veces por la policía y sancionado por el gobernador civil». Así definía en 1968 el servicio de información de la Guardia Civil a Vicente Álvarez Areces (Gijón, 1942). Ese agitador de masas, uno de los líderes de las revueltas estudiantiles, que llegó a presidente de Asturias y ahora es senador, recuerda vívidamente lo acontecido en aquellos años.

-Con 50 años de distancia se puede decir que no ha habido otra movilización igual.

-Creo que no, porque el hecho distintivo es que no fue una movilización de una vanguardia, sino de la mayoría de la sociedad. Se produjeron hechos que vistos en la retrospectiva fueron insólitos. Por ejemplo, que el gobernador civil nos recibiese a los delegados de facultades en una comisión negociadora en la Delegación del Gobierno en A Coruña, que todavía cuando paso por allí me acuerdo [ríe]. Fue un desbordamiento total de ellos. A nosotros nos sancionaron duramente, pero ellos también tuvieron sus bajas: cayó el rector, el decano fue trasladado, al gobernador civil también lo cambiaron.

-Y el ministro de Educación.

-Efectivamente, también cambió.

-Las repercusiones fueron brutales.

-Fueron de gran impacto político. En otros lugares de España hubo otros movimientos muy importantes, algunos de ellos durísimos, pero estaban muy circunscritos a un ámbito universitario. Este impregnó la sociedad gallega.

-Consiguieron muchas de sus reivindicaciones.

-Congelaron el expediente y de alguna forma se negoció un final digno. El ministerio suspendió la aplicación de las sanciones, pero a algunos de nosotros, cuando acabó el curso, nos prohibieron el acceso a los recintos universitarios. Me matriculé por libre, pero no podía examinarme en el recinto universitario. Una vez hasta me examinaron en el bar de la facultad [ríe].

-Uno de los mayores enfrentamientos fue el que aconteció a finales de marzo, con la visita del director general de Enseñanza Superior para sancionar.

-En vez de templar, lo que hizo fue endurecer la situación. Cuando se marchaba este señor nos fuimos a la estación y empezó una refriega muy dura: alguna gente tirando piedras, ellos disparando, y dispararon bastante. Cargaron y nos detuvieron a algunos de nosotros. A consecuencia de eso se abre un expediente por la vía militar, porque el expreso a Madrid pasó y rompieron los cristales. Fue una provocación del propio régimen tratando de involucrar a los militares. Al salir del cuartel en el que me tomó declaración el juez militar, me detiene la policía otra vez y me llevan a la prisión de A Coruña.

-Y se enfrentó a un juicio en el Tribunal de Orden Público.

-Era el expediente 132/68. En realidad eso fue a cuatro delegados: para Francisco Álvarez Fontenla, para Félix Sarmiento, para Alberto Martín de Hijas y para mí pidieron dos años por desórdenes públicos y atentado a la autoridad. En el juicio retiraron lo de atentado a la autoridad porque nuestros abogados demostraron que no era tal.

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