Aceite de coco: ¿la caída de un mito?

Famosas actrices han puesto de moda los supuestos beneficios del aceite de coco, que sin embargo, los especialistas limitan al cuidado de la piel y el cabello. Pero a la hora de usarlo en la cocina hay que ser cautos, sobre todo si uno sufre de problemas cardiovasculares. El bum de este alimento ha llevado a la American Heart Association a recordar que este producto no se diferencia demasiado de otras grasas saturadas como la mantequilla.

.

Gwyneth Paltrow comienza a ser a los nutricionistas lo que Josep Pamiès a los científicos: un moscardón al que desdecir día sí y día también. Tras renegar de los carbohidratos y apostar por una ingesta de tan solo mil calorías al día, su nueva apuesta dietética es ni más ni menos que el aceite de coco. Según la conocida actriz, y sus secuaces varias (Rihanna o Jennifer Aniston, por ejemplo), que apuestan por las bondades de este producto, esta grasa vegetal se puede incluir en la rutina de higiene bucal para tener los dientes más blancos, como hidratante facial y capilar, en la cocina como potente quemagrasas y hasta como lubricante en la cama. Una amalgama de usos que, según los expertos, en ciertos casos se adecúan a la realidad y en otros no son más que el enésimo mito que tienen que desmentir del superalimento del momento.

Primera estocada: «El aceite de coco es una grasa saturada, es decir, que se vincula a un aumento de colesterol en sangre y que tiene un mayor riesgo de provocar enfermedades cardiovasculares. No hay problema si se consume de forma moderada, pero comparado, por ejemplo, con el aceite de origen virgen extra, formado por ácido oleico, que disminuye el colesterol malo en sangre y aumenta los niveles de colesterol bueno, este es mucho más recomendable», explica la técnico superior en Dietética Nuria Pumares. Ante el aluvión de desinformación en relación al aceite de coco y sus propiedades, la American Heart Association (AHA) ha tenido que salir, de hecho, a desmentir que esta grasa vegetal ayude a disminuir el colesterol en sangre gracias a su componente mayoritario, el ácido láurico. Otro de los problemas que pone sobre la mesa Pumares, a la hora de consumir aceite de coco es que «si lo utilizamos para freír y lo reutilizamos tantas veces como solemos hacer con el aceite de oliva no estaríamos haciendo lo correcto, ya que soporta mal las altas temperaturas, pudiendo producir reacciones que generan hidrocarburos nocivos para la salud». Es tajante: «No se lo recomendaría a mis pacientes ni yo lo consumo». A Pumares le preocupa especialmente la cantidad de adeptos que se está ganando el aceite de coco derivados del patrocinio de bloggers o youtubers, «que lo utilizan por ejemplo para engrasar la sartén y hacer tortitas».

«No pasa nada en una persona que está en normopeso y no tiene problemas cardiovasculares, pero tampoco pasa nada si esa persona come mantequilla, por ejemplo». La AHA utilizó precisamente esta comparación para advertir que no es tan saludable como dicta la rumorología popular.

Como hidratante

Metidos en harina, los usos del aceite de coco se extrapolan a otros campos donde sí se pueden garantizar los beneficios. Sería el caso de sus propiedades hidratantes para la piel, porque al estar repleto de omegas es perfecto para mantener la piel sana. Precisamente por su capacidad fortalecedora es perfecta, aseguran los expertos, para tratar las estrías. Sin ir más lejos los especialistas ponen a la misma altura el aceite de coco que el de argán o de almendras.

Otro cantar es, dentro del área cosmética, el oil pulling. O lo que es lo mismo, meterse en la boca una cucharada de aceite de coco en ayunas y enjuagarse durante -ojo- veinte minutos para combatir el mal aliento y lucir una sonrisa envidiable. Aunque sus adeptos se amparan en que no es una excéntrica moda sino que es una técnica de belleza que tiene más de veinte años, la Asociación de Odontólogos Americanos ha tenido que cerrar bocas y decir que «no existen estudios que demuestren que el aceite de coco tiene beneficios bucodentales».

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

Aceite de coco: ¿la caída de un mito?