María Pardo: «Hay que parar el mensaje de los obesos sanos»

La responsable del grupo de Obesidómica en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, que hoy ofrece una charla de la Fundación CorBI, trabaja en la activación de la grasa buena

María Pardo, responsable del grupo de Obesidómica en el IDIS de Santiago
María Pardo, responsable del grupo de Obesidómica en el IDIS de Santiago

redacción / La voz

Ni todas las grasas son iguales, ni todas tienen el mismo efecto para la salud. Es el tema del que hablará hoy en la Domus de A Coruña, a las 19,30 horas, la investigadora Miguel Servet María Pardo Pérez, responsable del grupo de Obesidómica en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS). La conferencia, abierta a todo el público, forma parte del ciclo organizado por la Fundación CorBI.

-¿Es cierto que no todas las grasas son iguales?

-Pues no. Tenemos hasta tres tipos diferentes de grasa y se depositan en lugares diferentes en el cuerpo humano y, dependiendo donde se almacenen y de qué color tengan, van a tener unas repercusiones u otras en la salud.

-¿Cuáles son?

-La grasa blanca, que es la que todos conocemos, es la que acumula energía en forma de lípidos, y es la que más se deposita en obesos. Luego está la grasa parda, que se activa en determinadas situaciones, como el frío. Es muy importante porque es la que consume energía en forma de calor, por lo que cuanto más activa esté, más calorías se queman y mejor estado de salud tendremos. Es la que ayuda a los animales que hibernan, como el oso, a sobrevivir el invierno. Lo que se ha observado es que los obesos no tienen capacidad de activar la grasa parda.

-Queda una.

-Sí, la grasa beis, que es la intermediaria entre la blanca y la parda. Es susceptible de convertirse en parda ante determinados estímulos, como el frío, el ejercicio o una dieta saludable, lo que le permite así quemar energía en forma de calor, como la parda.

-¿Se podría decir entonces que hay grasas buenas y malas?

-Sí, pero también hay que aclarar que la blanca también es buena, porque sin ella tampoco sobreviviríamos. El problema es que se acumule mucho y en lugares donde no debería.

-¿En qué lugares es más peligrosa su acumulación?

-Nosotros trabajamos en laboratorio con la grasa visceral, que es la que está alrededor de las vísceras, la típica barriga cervecera, y la subcutánea, que está debajo de la piel. La primera es la que se relaciona con la morbilidad, con las enfermedades asociadas a la obesidad, como la diabetes tipo II, con los problemas cardiovasculares y con el cáncer.

-¿Cómo podemos activar la parda, la buena?

-Se sabe que el ejercicio físico es una terapia perfecta para reducir el peso y mejorar la salud, pero aún se conoce muy poco sobre por qué ocurre esto. Lo que se ha encontrado es que el músculo también libera señales en forma de proteínas y moléculas y una de ellas es la irisina. Se descubrió que al hacer deporte, el músculo libera esta hormona, que llega a la grasa blanca y es capaz de transformarla en parda.

-Esta proteína quemagrasas, ¿es la clave para los fármacos contra la obesidad?

-Cuando se descubrió fue una revolución, pero ahora vemos que hay otros factores. Nosotros estamos buscando mecanismos de activación de la grasa parda y beis, pero a veces es cómo buscar una aguja en un pajar.

-Cada vez se relacionan más tipos de cáncer con la obesidad. ¿De cuáles existe evidencia de esta asociación?

-Sí, cada vez hay una relación mayor entre la presencia de tanta grasa y el desarrollo del cáncer. Una persona obesa tiene mayor riesgo de padecer hasta 13 o 14 tipos de cáncer, para los que ya se han descrito evidencias. Esto es debido a que las personas que tienen sobrepeso están sometidas a un estado inflamatorio y, al estarlo durante mucho tiempo, se favorece el desarrollo de tumores.

-Hay personas obesas que son metabólicamente sanas, las llamados «fofisanas». ¿Lo son?

-No. Y la relación es un poco peligrosa. De hecho, en los últimos congresos sobre obesidad se ha advertido sobre la necesidad de parar este mensaje de obesos sanos, porque la realidad es que no lo son, ya que al cabo de unos años van acabar siendo enfermos. Es solo cuestión de tiempo.

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