Las joyas que hace Carmela molan

SER DISEÑADORA, UN SUEÑO CUMPLIDO A Carmen la llaman cariñosamente Carmela. Cuando descubrieron su talento para crear piezas de bisutería, no tardaron en dar con el nombre para su marca: «Carmelamola» ¡Y tanto!: «Tengo síndrome de Down, me gustan las joyas y soy muy presumida»

Las joyas que hace Carmela molan Ha cumplido su sueño de ser diseñadora. Cuando descubrieron su talento para crear piezas de bisutería, no tardaron en dar con el nombre de su marca: «Carmelamola» ¡Y tanto!

Ella es Carmen Álvarez. Una joven coruñesa a punto de cumplir 17 años a la que puedes seguir en Facebook o Instagram. Ahí, en las redes, como cualquier chica de su edad, disfruta publicando lo que hace: creaciones de bisutería con su toque personal bajo la marca Carmelamola. Es también youtuber, y en su canal, que crece cada día en suscriptores y visualizaciones, se expresa con franqueza a sus seguidores: «Tengo síndrome de Down, me gustan las joyas y soy muy presumida». Quedamos con Carmen en su casa. Ana Rodríguez, la madre, nos abre la puerta y nos lleva a su taller. La mesa está preparada. En botes de cristal los abalorios que usa, coloridos adornos que con destreza va uniendo siempre bajo la atenta mirada de mamá, que fue la primera que se puso sus complementos.

«VEÍA MIS PULSERAS Y...»

A Carmen en la lotería genética le tocó ese tercer cromosoma de más que caracteriza a quien tiene su misma alteración. Pero en su ADN está también el ímpetu de una luchadora. «Para mejorar la psicomotricidad, la movilidad fina, desde pequeños hacen ejercicios: mueven bolas, cortan papeles con las manos... Al final para ellos es muy aburrido», nos cuenta Ana. Pero su hija tenía una pareja de ases bajo la manga: sus ganas y el buen gusto. Esto último, lo sacó de su madre. «Siempre se fijaba en mis pulseras y colgantes, le gustaban mucho y fue ella la que se dio cuenta de cuál era el estímulo que necesitaba para aprovechar el tiempo», prosigue Ana mientras Carmen ya casi tiene terminada una llamativa libélula de alas plateadas.

Así fue como empezó en el oficio, convirtiendo tediosas rutinas en vistosas piezas. Dándose cuenta de que podía sacar provecho de su parte creativa y sentirse a la vez realizada viendo culminadas sus creaciones.

TODA LA FAMILIA VOLCADA

Carmelamola surge del boca a boca. Las compañeras de trabajo de Ana querían los mismos diseños que ella lucía. «¡Son de mi hija!», decía orgullosa la madre. Así que pronto los encargos fueron a más y todos se volcaron para ayudarla. Sara, su hermana pequeña, creó la web www.carmelamola.com, que incluye una tienda online. Y su padre, Manuel, ya ha atendido a los medios que han querido contar su historia. Aunque, eso sí, Carmen sigue siendo la que era. Es consciente de sus limitaciones, pero ahora sabe de lo que es capaz. Al preguntarle si se ve como empresaria de su firma de moda en el futuro, suelta al instante un «¡ni de broma!». «Eso es mucho lío», me sugiere. Pero lo cierto es que ya ha emprendido un camino que además está ayudando a otras personas, que como ella, tienen que sobreponerse a las dificultades. «Las reacciones y los comentarios de la gente son alucinantes. La madre de una chica ciega nos felicitó porque estábamos dando ideas para ver en lo que pueden trabajar», dice Ana al referirse a un aluvión de mensajes que suma y sigue. A estas alturas, la joya que ha elaborado Carmen ya está terminada. Retira la lámpara con lupa que le ayuda a trabajar y la enseña orgullosa: «¿Te gusta?». Si la respuesta es un sí, ahora ya sabes dónde encontrar joyas que valen su peso en ilusión.

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