Lucía, mi Pediatra: «A los padres nos falta tiempo y nos sobran etiquetas»

Galán supo con 5 años que quería ser «médico de niños» tras haber estado hospitalizada unos días. No quería que ninguno pasase por lo mismo que ella

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redacción / la voz

Lucía Galán (Oviedo, 1978), «Lucía, mi Pediatra» en la Red, sintió con 5 años las cosquillas de la vocación de curar: «De pequeña, sufrí una enfermedad grave que me tuvo hospitalizada varios días. Me marcó tanto que, cuando salí del hospital, esa mañana les dije a mis padres: ‘Yo de mayor quiero ser médico de niños, para que ninguno pase por esto otra vez’». Hoy, con dos hijos, tres libros y una consulta a la que se asoman a diario miles de pacientes, se moja sin miedo a salpicar. ¿Se siente como una niña cuando...? «¡Me baño en la playa con mis hijos!», refresca.

-¿Creció jugando a médicos?

-¡Por supuesto!, y no veas los pinchazos que les ponía a mis muñecos. Debía de ser un poco sádica porque tenía devoción por las inyecciones...

-Un tema punzante. Vivimos un bum de etiquetas que penden de la paternidad: «madres tigre», «padres bocadillo», «niños emperador». ¿Qué nos falta, en rigor, a los padres de hoy?

-A los padres nos falta tiempo para disfrutar de nuestros hijos y nos sobran etiquetas que nos hagan sentirnos culpables.

-A través del blog «Lucía, mi Pediatra» ha contactado con miles de personas conciliando la pediatría y la maternidad. ¿Qué le ha dado y qué le ha quitado ser madre?

-Ser madre me ha hecho ser una persona mucho más empática y generosa. ¿Qué me ha quitado? Tiempo para mí. Pero también me ha dado el amor más grande que he sentido jamás: el amor a mis hijos, pase lo que pase y hasta el fin de mis días.

-¿Ingresaría en el Club de las Malasmadres? ¿Es de las que no marcan la ropa, olvidan la merienda o no se leen la circular?

-¡Sí! De hecho colaboro con el Club de Malasmadres desde hace años (risas). No soy una madre perfecta, tampoco aspiro a serlo, hace mucho tiempo que no. Me conformo con llenar la mochila de mis hijos de momentos de amor y complicidad.

-Menos «planazos» y más momentos sencillos compartidos, sus deberes para el verano.

-Sí, ¡y leer! Las meriendas en la playa y las cosas más sencillas son aquellas que nuestros hijos van a conservar cuando crezcan.

-Comparte nombre con la cantante de Pimpinela. ¿Las han confundido alguna vez?

-Jajaja. No, nunca.

-La «playlist» del libro «El viaje de tu vida» es sonado. Recétenos un tema rico en vitaminas para crecer sanos y felices.

-Beautiful that way, de Noa. Porque es lo que les repito a mis hijos cada día: Sois maravillosos así como sois, no hace falta que busquéis ser perfectos ni hace falta que cambiéis.

-¿Canta en la ducha?

-Canto en la ducha, en la cocina y hasta en la consulta a mis pequeños pacientes. Canto lo que me dejan porque mis hijos se están haciendo mayores y lo que antes les encantaba ahora es: «Mamááá, por favooooor».

-«Tener hijos es perder calidad de vida». Samanta Villar. ¿Suscribe o no la polémica cita?

-No. Los hijos quitan unas cosas, pero dan otras que hace que compense. ¿Que hay momentos duros? Sí. ¿Que hay días en los que todo es oscuro y feo? También. Pero, ahora que llevo 11 años en este viaje, pienso que todo ha merecido la pena, sin excepción. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado en la vida.

-A nuestros hijos les hace felices...

-Vernos felices.

-Ha puesto los puntos sobre las íes en defensa de las vacunas, con un zasca al presentador Javier Cárdenas.

-No fue un «zasca». Fue una carta que escribí desde mi respeto a su profesión pero hablando desde la mía: soy pediatra y hablo de vacunas con el rigor científico del que disponemos. Las vacunas salvan cada año entre 2 y 3 millones de vidas. Ten miedo a la enfermedad, no a la vacuna.

-¿Una receta para conciliar?

-Ser flexible. Muy flexible. Ser capaz de improvisar, y luchar con uñas y dientes por lo que consideras que te pertenece. En el trabajo nadie es imprescindible, pero en nuestra casa sí lo somos y eso es innegociable.

-La OMS acaba de reconocer como trastorno mental la adicción a los videojuegos. ¿No a las tablets antes de los 2 años? ¿Limitamos el uso de pantallas?

-Según la Academia Americana de Pediatría, no deberíamos exponer a ningún tipo de pantalla a los niños menores de 2 años. Ahora bien, si los niños ven sus dibujitos en la tele un ratito al día tampoco vamos a montar un drama. Eso sí, el móvil y la tablet antes de los 2 años ¿qué sentido tienen? Contacto con la vida real, eso es lo que su cerebro en formación necesita.

-Afirma que los niños no necesitan ir a la escuela infantil.

-Las escuelas infantiles son una necesidad familiar. Realmente los niños hasta los 2 o 3 años no tienen necesidad de sociabilizarse. A esa edad necesitan tener cerca a su papá, a su mamá o su núcleo familiar más próximo. Ahora bien, si no hay otra posibilidad porque estamos trabajando, las escuelas infantiles cumplen una gran labor.

-¿El tiempo todo lo cura?

-Ojalá.

-¿Qué le hace vibrar?

-Sin lugar a dudas, el amor.

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