¿Cuántas veces hay que cambiar el bañador?

OJO CON ESTE BIRUJE, que quedarse con el bañador mojado puede convertirse en una actividad de riesgo. Humedad, salitre y arena no es la mejor combinación para ti, pero sí para los gérmenes

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A la playa pongo por testigo de que jamás me cambio el bañador después de un baño. Pero después de hablar con Belén Viñas, jefa de Ginecología del Chuac, confieso que entiendo un poco mejor alguna que otra sensación después de un rato con el bañador húmedo. Una humedad que, de forma inevitable, se transfiere a la toalla, por lo que todo tarda más en secar. Lo primero que hace la especialista es centrarnos, porque el hecho de no cambiarse el bañador al salir del agua no genera de por sí nada que lamentar. Lo que sí nos causa es una sensación, «la de tener ganas de orinar», puntualiza la doctora, que añade que «la relación entre la humedad y la frialdad nos provoca esa urgencia sensitiva que no tiene más trascendencia a nivel de salud, pero que sí que nos genera una molestia». Lo que ocurre es que mucha gente la asocia con una infección de orina, cuando no es así. «Para que se produzca una infección de orina habría que estar muchísimo tiempo con la ropa interior o el bañador húmedos», asegura Viñas.

Lo que sí que reconoce la ginecóloga es que, si al hecho de que el bañador esté húmedo le sumamos el calor de la playa, alimentaremos el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de gérmenes. Una combinación que suele afectar casi siempre a las mujeres: «Nuestra uretra es mucho más cortita, por lo que la distancia entre la vulva y la vejiga es más pequeña, de entre dos y tres centímetros. Por eso es mucho más habitual en las mujeres que los gérmenes asciendan». Sí hay un riesgo mayor de que se produzca una infección de orina, dice la especialista, cuando se presentan factores como el hormonal en períodos como puede ser el de la menopausia, que trae consigo una falta de mucosas que facilita que las bacterias suban a través del conducto. También la favorecen otros malos hábitos que se tienen independientemente de la edad. Uno de ellos es la costumbre de aguantar demasiado para orinar. «Hay que hacerlo cada dos o tres horas, como mucho. Si se aguanta demasiado, los gérmenes pueden entrar», indica Viñas.

Ya sabemos lo que ocurre con la humedad, pero ¿y con la arena? «La arena irrita la vulva por el roce y el calor, lo que puede provocar la aparición de hongos. Con el calor y la humedad, la cándida crece», responde. De ahí la importancia de quitarnos muy bien las arenas aprovechando el baño o la visita a la ducha. Y, también, la de lavar adecuadamente el bañador. Sin excepciones. Hay que hacerlo siempre, y da lo mismo que tenga salitre o cloro o que no lo hayas ni llegado a mojar. «¿Que si hay que lavarlo? Claro, exactamente igual que la ropa interior, que se cambia y se lava todos los días. Si no se hace, cabe la posibilidad de que los gérmenes se queden ahí. Hay que eliminar el flujo acumulado», señala la ginecóloga. Dicho esto, a disfrutar de la playa. Pero mejor secos y limpios.

Las arenas irritan, lo que puede causar la aparición de hongos”

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