¿Se puede ser adicto a los ultraprocesados?

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El consumo de productos enriquecidos artificialmente, conocidos como alimentos hiperpalatables, altera el sentido del gusto y nos impide disfrutar del sabor de productos naturales como la fruta y la verdura

01 jun 2022 . Actualizado a las 11:24 h.

Primero la mala noticia: no hay excusas; el ser humano no necesita para el correcto funcionamiento de su organismo más azúcar que el que contienen las frutas y los hidratos de carbono. Ahora, la buena nueva: de la adicción al dulce se sale. Sí. Adicción. Sin entrar en ningún tipo de comparación con el consumo de drogas y sus devastadores efectos, dietistas y nutricionistas alertan de que abusar del azúcar puede provocar, además de enfermedades como diabetes u obesidad, una ansiedad por consumir productos como bollería o chocolatinas que no hace más que incrementarse al comprobar el descontrol que genera el no poder parar de comer, bien sea un donuts, bien los restos de la tarta de cumpleaños de tu madre. Un círculo vicioso si se atiende a que, en muchos casos, es por estrés y tristeza que decidimos zambullirnos en un mar de chocolate hasta nueva orden.

¿Chocolate? Sí, pero seguro que no del que recomiendan tus amigos más fitness, el 82 % cacao del que te dicen se toman dos oncitas antes de acostarse. Porque el que engancha, claro, es el que te gusta a ti, y que nada tiene que ver con ese sabor amargo y fuerte del negro tizón. «Los dulces liberan serotonina y dopamina, sustancias responsables del placer, por eso las personas que están acostumbradas a tomar habitualmente chocolatinas o bollería cuando no lo toman notan su ausencia y les es realmente complicado cambiar sus hábitos, lo cual es un problema si tenemos en cuenta que no se recomienda consumir más de 35 gramos de azúcar al día, y una cucharadita de café ya tiene 9 gramos», apunta la nutricionista Fátima Branco.

El consumo frecuente

Según esta experta, aquellos que se reconocen adictos al dulce  tienen que cargar con un enorme mea culpa, ya que en este tema es el hábito el que hace al monje. Es decir, la predisposición de aquellos que siempre dejan hueco para el postre, a más goloso mejor, no es otra que la derivada de un consumo frecuente. «Por eso es importante no premiar a los niños con dulces, ya que los pequeños lo asocian con algo positivo y refuerzan su conducta de consumo». Por si esto fuera poco, como explica la también nutricionista Victoria Lorenzo, el hecho de que los bombones o las galletas «sean especialmente palatables por su combinación de azúcar, sal y grasas, hace que se pierda el interés por los alimentos reales porque acostumbramos a nuestro paladar a sabores muy intensos y, después, la verdura, por ejemplo, no nos sabe a nada». De hecho, añade: «La fruta tendría que sabernos dulce por su fructosa y no suele pasar».

De los adictivos alimentos hiperpalatables se aprovecha, y mucho, la industria alimentaria. «Más allá de en bollería o helados, en productos que nos venden como sanos porque en el envoltorio pone que tienen 99 calorías, como las barritas de cereales, te das cuenta de que te comes una y no puedes parar y es por la combinación de aditivos, que inhibe nuestra sensación de saciedad. Si a esto le sumamos que muchas veces comemos por emociones y no por hambre...Es complicado pasarte a un alimento que no te va a aportar satisfacción porque no disfrutas ya de su sabor».

Para salir del entuerto, Lorenzo recomienda ir reduciendo poco a poco (para que la ansiedad no haga estragos) la ingesta de productos hiperpalatables. «Empezar a reemplazar los ultraprocesados por ingredientes de verdad. Cuando las personas cambian sus hábitos notan el incremento de energía. Si te fijas son las personas que comen peor aquellas que neecsitan hacer un tentempié con chocolatina y Coca Cola porque aunque el azúcar en el momento te da un pico de energía, el bajón llega inmediatamente. Quien se alimenta bien no sufre estas alteraciones». ¿Y como alternativa saludable al azúcar? «La estevia es una buena opción como endulzante», comenta.

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