El culebrón de la diversidad sexual

«La casa de las flores», que hoy llega a Netflix, renueva el género de la telenovela con una comedia negra que reúne a la veterana Verónica Castro y a Paco León

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redacción / la voz

Igual que las rosas albergan sus espinas, las familias idílicas pueden ocultar oscuros secretos. La casa de las flores, comedia negra mexicana que hoy llega a Netflix, trata de uno de esos clanes de portada de revista, perfectos y acaudalados, en cuyo seno todo salta por los aires un mal día. Propietaria de una floristería con solera, la familia De la Mora se desmorona en el momento en que, en medio de la fiesta de aniversario del patriarca, la amante de este aparece muerta. Desde el más allá, al igual que la Mary Alice de Mujeres desesperadas, Roberta se convierte en la narradora de una historia que va destapando una a una todas las miserias de un grupo privilegiado que ha vivido siempre pendiente del qué dirán.

A partir de ese momento, mantener su buena imagen y llegar a celebrar el cercano aniversario de la florería como una familia «normal» se convertirá en una carrera plagada de traiciones, enredos, condenas, aprietos económicos, infidelidades, tríos amorosos, salidas del armario y pruebas de paternidad, en un embrollo digno de la telenovela más disparatada y contado con grandes dosis de humor negro.

La serie arranca con una declaración de intenciones a partir de una cita de Vincent Van Gogh: «La normalidad es un camino pavimentado: es fácil de caminar, pero nunca crecerán flores en él». De ahí que desde sus primeros capítulos (en total son 13 de media hora de duración de cada uno) se convierta en un canto a la diversidad y la excentricidad en el que los personajes transexuales tienen un gran protagonismo.

La casa de las flores es una revisión actualizada del tradicional culebrón y nadie mejor para darle el relevo hacia un nuevo escenario que uno de sus mayores iconos, la actriz mexicana Verónica Castro, que regresa a la televisión tras más de una década apartada. Una autoridad en el género desde que protagonizó Los ricos también lloran, Castro aborda su papel de Virginia de la Mora, caricatura de una matriarca que se debate entre los corsés de la buena sociedad y el refugio que encuentra en la marihuana para evadirse de los conflictos. La actriz hace una apuesta decidida por hablarle ahora a las jóvenes generaciones con un nuevo lenguaje que sorprendería a los antiguos seguidores de sus grandes novelones.

El director y creador de la serie, el mexicano Manolo Caro, aseguró en su presentación en España que trabajar con la actriz ha sido un regalo. «Crecí viendo sus telenovelas y, cuando yo era un niño, lo más grande a lo que podías aspirar en esta profesión era conocer a Verónica Castro, porque es el icono más importante que ha dado la televisión en nuestro país [...] Siempre le tendré que agradecer que me haya dicho que sí con esa preocupación por adaptarse a los tiempos modernos», asegura.

Otra de las apariciones estelares de la serie es la del actor Paco León, que recupera los recursos extraídos de sus parodias de Homo Zapping para crear al personaje de María José, aunque buscando «más naturalidad». «Quería dignificar al personaje y sacarlo de estereotipos de mujeres trans», asegura el actor.

Pero la figura central es Paulina, la hija mayor de la familia e interpretada por la actriz mexicana Cecilia Suárez. Ella es el puente que une los dos mundos que conviven en la serie: dos «casas de las flores», una floristería y un cabaré que son la «casa grande» y la «casa chica» donde se pone al descubierto la doble cara de los personajes.

Verónica Castro vuelve como una matriarca liberal, tras una década lejos de la pantalla

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