Violaciones a cinco hermanas y abusos en el hospital tras una operación de amígdalas

La prensa estadounidense recoge la pesadilla de los menores que sufrieron abusos por parte de sacerdotes en Pensilvania

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nueva york / corresponsal

Jim VanSickle tenía 16 años cuando conoció a su verdugo. Fue en 1979. Su vida no pasaba por un buen momento, su abuela acababa de morir y su padre estaba gravemente enfermo. David Poulson, sacerdote y profesor de inglés en la Bradford Central High School, se presentó al joven como una especie de salvavidas en su rutina. «Yo era un niño perdido», confiesa VanSickle en una entrevista en The Washington Post. Su testimonio es uno de los que ha sacado a la luz la barbarie cometida por más de 300 sacerdotes católicos en Pensilvania, mencionados en un informe de más de 1.300 páginas divulgado por la Corte Suprema de Pensilvania y en el que se acusa a los líderes de la Iglesia de encubrir el abuso sexual infantil cometido a lo largo de los años 70. Poulson fue uno de ellos. Acusado a principios de este año de haber abusado de dos niños entre el 2002 y el 2010, este sacerdote todavía sigue sin reconocer su culpabilidad. En el caso de VanSickle, el afectado relata cómo las cenas del equipo de ajedrez de la escuela se fueron convirtiendo en veladas a solas con Poulson. A las comidas le siguieron sesiones de cine. VanSickle recuerda cómo el sacerdote puso su mano en una de sus piernas. Pronto Poulson introdujo el alcohol en su relación y llevaría a VanSickle a dar largos paseos acompañados de latas de cerveza. «Él constantemente quería contacto físico», recuerda VanSickle, que hoy tiene 55 años. Justo antes de su graduación, ambos se fueron de viaje al santuario de Nuestra Señora de Fátima en Ohio. «Confiaba en él. Él era mi guía espiritual», explica la víctima. Fue durante este viaje cuando Poulson lo atacó: «Pude ver su pene erecto fuera de su ropa», dice VanSickle al diario.

En la investigación más exhaustiva realizada por una agencia gubernamental sobre el abuso del clero en EE. UU. el gran jurado identificó a más de mil víctimas, aunque aseguró que podría haber muchas más desde la década de 1940. Los testimonios recogidos en el informe son el reflejo de una terrible violencia física y psicológica. El texto relata cómo un sacerdote abusó de cinco hermanas de la misma familia, cómo otro presumió de haber violado a 15 niños de 7 años, y cómo otra víctima murió por una sobredosis de analgésicos tomados para paliar el dolor de una lesión en la espalda sufrida a consecuencia de uno de los ataques.

El horror continúa cuando se revela que un sacerdote violó a una menor mientras la visitaba en el hospital después de que la operasen de las amígdalas, o como otro cura obligó a un niño de 9 años a mantener sexo oral y después enjuagarse la boca con agua bendita.

Muchos delitos han prescrito

Según el tribunal, la mayoría de víctimas no podrán demandar a sus agresores porque la ley estatal les otorga 30 años desde que se cometieron los hechos para entablar demandas civiles y 50 para presentar cargos criminales. En muchos casos, los delitos ya habrían prescrito.

La publicación de este informe llega dos semanas después de que el papa Francisco ordenara la reclusión de Theodore McCarrick, arzobispo emérito de Washington, también por un caso de abusos sexuales.

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