Crece la adopción internacional de perros por el aumento de los abandonos

Algunas protectoras son reticentes, pero apuestan por mayor colaboración de las perreras

.

redacción / la voz

Las protectoras españolas recogieron el año pasado 138.000 animales abandonados. La cifra ha ido en aumento en los últimos tres años, según un estudio realizado por Fundación Affinity. Sumado al grave problema que implica el abandono está el hecho de que solo un 43,5 % de los perros o gatos recogidos logran hallar un nuevo hogar. El problema no es ajeno a Galicia, pese a la entrada en vigor a mediados del pasado mes de enero de la nueva Lei de Benestar Animal que sanciona el abandono. «A falta de arreglarse, el problema va a más. Este verano resulta increíble la cantidad de camadas que han aparecido abandonadas», explican desde el Refugio de Animales de Cambados. El número de animales que rescatan es tal que, al igual que otros colectivos como Segunda Oportunidade, han tenido que recurrir a la adopción internacional para buscar un hogar a sus peludos. Otras protectoras, por el contrario, son más reticentes a recurrir a esa alternativa y apuestan por que haya una mayor colaboración por parte de las perreras.

Pero las que han probado con la adopción internacional están contentas. Para hacerlo colaboran con asociaciones de los países de destino o tienen personas allí que les echan una mano.

Daniela Fischer es una de esas colaboradoras: «Empecé a colaborar con el Refugio de Animales de Cambados hace unos ocho años. Viajo a Galicia cuatro o cinco veces al año y cada vez que voy traigo a Alemania entre cuatro u ocho perros para ser adoptados por familias de aquí. Yo tengo tres». Es alemana y su labor es la de evaluar en su país a las familias que quieren adoptar un perro en Galicia. «Voy a sus casas, hablo con ellos, les explico cómo es el perro que quieren adoptar, las vacunas, el lugar del que viene... Es muy importante que las familias sepan todo del perro y luego también es muy importante mantener el contacto con ellas. Voy a verlos cada dos o tres meses. Una vez al año hacemos una fiesta todos juntos».

Allí está ella con sus tres peludos, dos adoptados en el Refugio de Animales de Cambados; el otro en Canarias. Son Nelo, Ruso y Jack.

«Llegó con mucho miedo, pero empezaba a confiar»

Q uin ha desaparecido. Ha dejado un hueco en la familia que lo adoptó y le enseñó que la vida no tiene por qué ser tan perra como fue la suya hasta ser rescatado de una casa en Castroverde, junto con otros compañeros canes que fueron decomisados en su día por la Guardia Civil dado el estado en el que estaban. Quin, un corpulento border collie blanco y negro, fue el quinto en subir al camión que lo llevó a la protectora y, por eso, su nueva dueña, Esther, lo vio y se enamoró. Fue hasta Lugo y le puso Quin, «de quinto», cuando lo adoptó. Ahora ella, su marido y sus hijos están desesperados. Quin desapareció el pasado día 20 en Ponteareas. No han logrado dar con su rastro. No tienen ni idea de dónde puede estar. Han removido Roma con Santiago e incluso creen que alguien tuvo que llevárselo porque una vecina vio cómo un coche pequeño y rojo parecía marchar detrás de él en la tarde del día en que marchó. No van a detener la búsqueda. Porque él, al que su mala vida le había hecho desconfiar de la gente, se acostumbró a sus caricias. Pero ellos también a sus mimos. Es lo que pasa cuando adoptas un perro. 

«Como era un perro incautado hubo que esperar más de un mes para poder traerlo a casa. Sabíamos que había recibido malos tratos, le pegaban, no le daban de comer. No nos cogió con la guardia baja», explica. Al principio Quin estaba asustado. Tenía miedo a los hombres. Pero poco a poco, a base de cariño, fue acercándose a los miembros de su nuevo hogar. «Ahora iba con mi marido al monte a hacer deporte». La familia de Esther tenía previsto irse de vacaciones al sur, «la reserva estaba hecha, pero al tener perro preguntamos. No dejaban ir con mascota. Cambiamos los planes para poder llevarlo con nosotros. Un periplo en caravana por Portugal. Fuimos de playa en playa. Cuando no podíamos bajar con el perro me quedaba en una terraza con él mientras mi marido bajaba al arenal. Nos turnábamos», recuerda. La familia paró unos días en Ponteareas para estar con los abuelos. Fue donde desapareció Quin. «El día 20, en torno a las 20.30, parece que estaba preocupado y salió por un agujero de la verja», recuerda su ama, que no ha dejado de buscarlo.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Crece la adopción internacional de perros por el aumento de los abandonos