«Escudo, colores y derbi»

Artículo de opinión

Afición Sporting
Afición Sporting

En La vida de Brian los Monty Python cuentan la desdichada historia de un hombre al que la gente confunde con Jesucristo. Tanto es así que en un momento de la película uno de los personajes le dice al protagonista: “Yo digo que eres el Mesías y de eso entiendo porque he seguido a varios”. Con los futbolistas y los entrenadores nos pasa un poco lo mismo. Tal vez lo más lógico sería apoyar la carrera de un solo jugador, desde su debut hasta su retirada. Y después escoger a otro. Y luego a otro distinto. Así hasta que nos tocase retirarnos a nosotros como espectadores. Pero ser leales a un mesías durante tantos años no es tarea fácil e inevitablemente acabaríamos siendo derrotados por el hastío. El detonante de nuestro desencuentro bien podría ser una declaración en rueda de prensa, un penalti mal ejecutado o un corte de pelo inaceptable. Seguir a un club, en cambio, es una labor mucho más sencilla. Al final todo se reduce a tres cuestiones básicas de convivencia: proteger el escudo, no alterar los colores y dar la cara en los derbis.

Un enfrentamiento contra el máximo rival nunca puede ser un experimento, es cosa muy seria. Noventa minutos que pueden llegar a ensombrecer una temporada entera. No solo están en juego tres puntos, hay decenas de titulares, imágenes y memes que serán arrojados con dureza sobre el perdedor durante meses. En este tipo de choques todo movimiento se fiscaliza. Cualquier gesto, por secundario que sea para el desenlace del encuentro, puede irritarnos profundamente o conducirnos hasta el éxtasis. No es lo mismo una patada a destiempo del delantero centro de nuestro equipo que un codazo en un córner de su central. La primera imagen puede acabar siendo nuestra foto de perfil de Twitter. La segunda es una acción imperdonable.

En un fin de semana usual, si el equipo pierde de forma dolorosa siempre podemos tratar de renegar de él durante los días posteriores. Porque el estilo de juego no nos representa. Porque el entrenador hizo caso omiso de nuestros sabios consejos para las sustituciones. En un derbi esa opción no se contempla y el rival nunca dejaría que nos fuéramos de rositas. Del mismo modo que nosotros tampoco se lo permitiríamos a él. 

La línea de penal

Volvió el derbi asturiano al prime time, ocupando una vez más el hueco que los partidos internacionales dejan en la parrilla televisiva. Un encuentro frío que comenzó plagado de pérdidas en ambos lados del campo debió servir para aclarar que los derbis no son espectáculo para espectadores neutrales.

En una primera parte insulsa solo el diecinueve de los rojiblancos brilló pese a que sus túneles y ruletas quedaron eclipsados por un penalti que adelantó a los azules en el marcador. Ziganda leyó bien la contienda y al descanso se acabó el encuentro. La luz de Manu desapareció y el Sporting se convirtió en una interminable sucesión de pases horizontales. Los locales, que renunciaron al balón, achicaron el poco peligro que llegó a su área. Lo intentó por fuera el Sporting. Centros planos que sistemáticamente acabaron en la testa de los defensas carbayones. Y en medio de la batalla se rompió Babin.

Un choque que debió de terminar con cero a cero se fue para el lado de los azules tras un pase a la red desde la línea de penal. El Sporting mejoró respecto a la imagen dada en anteriores visitas al feudo del máximo rival aunque sigue sin ser suficiente. Ya saben, al final todo se reduce a tres cuestiones básicas: proteger el escudo, no alterar los colores y dar la cara en los derbis.

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