La disminución de recursos públicos, el impacto de la crisis en patrocinadores y feriantes, Hacienda y los requerimientos burocráticos han desembocado en la crítica situación contable del festival
09 abr 2017 . Actualizado a las 08:59 h.Los pasados días, el director de la Semana Negra y su responsable de programación -José Luis Paraja y Ángel de la Calle, respectivamente- describían la alarmante situación del festival como el resultado de una «tormenta perfecta». La gestación de esa borrasca contable ha sido larga y compleja, según su propio relato, que se remonta a 2012. El año anterior, 2011, la inquietud había brotado en los organizadores, pero aún como mera conjetura y más bien de carácter político, tras la inesperada llegada de Foro Asturias a la alcaldía de Gijón. Las cautelas eran lógicas: nunca la derecha local se había llevado bien con el festival fundado por Taibo II, un territorio declaradamente de izquierdas y mimado durante los mandatos socialistas de Tini Areces y Paz Fernández Felgueroso.
Esa situación quizá generó unas inercias que hicieron pensar que la SN podría afrontar los nubarrones por sus propios medios. Un «exceso de optimismo», se admite en la organización de un festival que desde su mismo inicio ha estado sujeto en más de una ocasión a situaciones complicadas. Críticas políticas y mediáticas; constantes cambios de ubicación; sentencias desfavorables forzadas por denuncias vecinales; conflictos institucionales como el que tuvo con la Universidad de Oviedo; cambios de gobierno... Un rosario de sobresaltos que, no obstante, siempre se han superado y que hacían pensar en un festival de muchas más vidas que un gato. Veintinueve, hasta el momento. Aunque esa gracia pueda agotarse antes de que lleguen las 30 y -por recurrir a otro símil zoológico y popular- este año sí esté viniendo el lobo.
De lo óptimo a la crisis en un año
El lobo estaba muy lejos en 2011. Ni aviso, ni rastro. Porque, en lo organizativo y en lo contable, el año en el que la SN se celebró en el entorno del campus y las inmediaciones de la glorieta de Albert Einstein había sido «óptimo», según la organización: muchos visitantes, un terreno perfecto y sin problemas vecinales, y cuentas igualadas para un certamen que había contado con 900.000 euros de presupuesto, la mitad de ellos procedentes de recursos propios. Una cifra que dista mucho de los aproximadamente 578.000 euros que ha tenido la Semana en sus últimas ediciones. A ello se ha llegado, en primer lugar y sobre todo, por los recortes en las aportaciones, que se iniciaron al año siguiente, un 2012 en el que la crisis finalmente se dejó sentir en la SN.
Mutua desconfianza
Ese año, y en una situación de mutua desconfianza, el primer convenio firmado con el ayuntamiento redujo drásticamente la aportación municipal: de 165.000 a los 100.000 euros en los que se ha mantenido desde entonces. Además, el Principado, fugazmente presidido también por Foro en la persona de su fundador, Francisco Álvarez-Cascos, hizo un recorte similar, de 40.000 a 22.000 euros. Para colmo, una omisión municipal ante Caja de Asturias, que debería haber sumado 24.000 euros al presupuesto, hizo que esta no se reclamase desde el consistorio. La organización tuvo que negociarla directamente, pero no se pudo pasar de los 11.000. Para colmo, los patrocinadores privados rebajaron también sus apoyos, y el traslado forzoso a los terrenos de la playa de Poniente redujeron la superficie disponible para la cesión de carpas y atracciones.
En resumen: se pasó de los 900.000 a los 700.000 en un solo año. Y lo peor es que era el inicio de una línea descendente: en la organización de la SN el año 2013 pasa por ser el de la «hecatomble», con un récord a la baja de presupuesto: menos de 550.000 euros para un festival cuyos gastos de montaje, producción o personal contratado son constantes, incluso cuando se busque la reducción de actividad y una austeridad creciente. Tanta que, afirman los organizadores, sus máximos responsables han renunciado a sus sueldos en los últimos años, pero sin tocar -aseguran- las nóminas y la Seguridad Social de un festival que da trabajo anualmente a unas 40 personas.
Otro factor que dificultó los ingresos fue la irrupción de nuevas ofertas de ocio en el verano gijonés -el festival Metrópoli, Oktoberfest...- cuya celebración está en la contigüidad de la SN o directamente se solapa con ella, obligando en muchos casos a los hosteleros a elegir en qué evento montarán su carpa. Pero incluso así hubiera podido sobrevivirse con un sistema ceñido también a la mutua confianza con los proveedores que -asegura la organización- «saben que siempre han cobrado».
Equilibrio resquebrajado
Ese equilibrio relativo empezó a resquebrajar por factores externos. Uno, la subida del IVA del 19 al 21 por ciento, que la organización asumió para no que no ahuyentase a los hosteleros, libreros y feriantes. Otro, una discrepancia surgida en 2015 con la Agencia Tributaria, también a propósito de la aplicación del Impuesto de Sociedades y a la consideración de la actividad de la SN -la cultural y la comercial- como una única actividad o una actividad separada. Esta última opción, la que defiende Hacienda, fue la que se impuso y empezó a generar una deuda con el fisco cuyo pago se inició en 2016, a razón de 30.000 euros anuales que deberían haberse liquidado en 2018.
Fue en ese contexto donde el retraso en el pago los 100.000 euros de la subvención municipal de 2016 impidió el abono de los 30.000 euros de la anualidad, y del consiguiente recargo de otros 7.000 por el retraso. Pero lo peor es que, en el transcurso de la espera, una nueva ley del ministerio de Montoro que ha entrado en vigor este año, obliga a que, cuando el moroso retrasa uno de sus pagos fraccionados, tenga que cargar con la totalidad de lo que debe -más intereses de demora- en el pago siguiente. Esos son precisamente los 108.000 euros que ensombrecen el futuro inmediato de la Semana Negra. El posible préstamo bancario, el desbloqueo burocrático -y político- de la subvención, la aportación extra acordada por los grupos y el posible recurso de la marca son los mecanismos disponibles para disolver esa borrasca perfecta. Pero hoy por hoy, no lo han conseguido. Y julio está ahí mismo.