La revolución del ciudadano

OPINIÓN

06 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Ha llegado el momento de decir BASTA, basta ya de tomarnos el pelo, en España y en Europa. Estoicamente hemos aceptado la intransigencia y la incompetencia de todos los líderes políticos para ponerse de acuerdo y constituir un gobierno. Estoicamente hemos venido escuchando lo bien que nos va con la UE, mientras se destruían millones de puestos de trabajo en aras de la libre circulación de capitales, gracias a lo cual las empresas podían trasladarse a China o incluso a paraísos fiscales y laborales dentro de la UE. Si nuestros partidos políticos no saben entender el clamor del pueblo llano, es decir del pueblo sin privilegios, mejor es que se marchen. Si Europa, es decir los jefes de gobierno de los Estados miembros, no se han dado cuenta de que la UE hace años que va a la deriva por su culpa, si no saben reaccionar ante lo que ha ocurrido en Gran Bretaña, tendremos que echarlos porque no saben conducir el barco.

Ante la mera posibilidad de que se repitan las elecciones tienen que saber los partidos políticos que los ciudadanos nos vamos a negar rotundamente -pero todos-  a votar una tercera vez. Nosotros hemos cumplido con nuestras obligaciones. Si ellos no saben o no quieren cumplir con su deber, que se vayan a casa. Y que no se echen la culpa unos a otros, pues la culpa la tienen todos. Todos hablan de diálogo, pero todos ponen condiciones al diálogo.

No es mi intención hacer leña del árbol caído, es decir lanzar dardos envenenados contra la UE o contra los partidos políticos. Hace ya más de 20 años que vengo denunciando la deriva a que nos está llevando el nacionalismo de los gobiernos de los Estados miembros y hace también muchos años que vengo denunciando la pasividad y el servilismo de los europarlamentarios. «La solidaridad es probablemente el principio fundamental de la UE», escribí hace mucho tiempo, pero no sólo de la UE, sino de toda auténtica democracia. Pero cuando ves cómo los sacrificios de los griegos se convierten en beneficios económicos para los alemanes -a través de los bonos de Estado-  o cómo aumenta vertiginosamente el número de millonarios en España, mientras apenas se reduce el número de parados y nuestros jóvenes tienen que emigrar a otro país, necesariamente tienes que admitir que a esta UE te la han cambiado, que de la solidaridad no ha quedado nada.

Todavía estamos a tiempo de reflexionar y de volver a la primitiva idea de Europa, a esa Europa que significa «unión, libertad, adiós a la guerra, democracia, solidaridad...». Todavía estamos a tiempo de levantarnos contra esta dictadura de los partidos políticos españoles, que a su vez son partidos políticos de la UE.

Si en estos momentos se habla de la regeneración de la UE tras la salida de Gran Bretaña, también tenemos que hablar de regeneración de nuestro sistema político, porque en el fondo el mal de Europa y el mal de España tienen el mismo origen. ¿Puede haber buenos alumnos con un mal profesor? Pues eso es exactamente lo que está ocurriendo en España y en Europa. Con unos dirigentes que desvían el dinero de Europa y de los ciudadanos hacia sus propios partidos, ¿nos pueden pedir a los ciudadanos que seamos fiscalmente honrados? Con unos partidos que se gastan millones en propaganda y en suntuosas sedes, ¿nos pueden pedir a los ciudadanos que tengamos paciencia y sigamos apretándonos el cinturón? Si Europa hubiera practicado una política auténticamente social y si nuestros partidos políticos, en lugar de mirar por sus propios intereses, hubieran echado siquiera una mirada a los millones de hogares españoles que los están pasando mal y muy mal, no habrían surgido partidos populistas y probablemente Gran Bretaña tampoco se hubiera ido. Si los partidos que surgieron para regenerar la política, se lo hubieran tomado en serio y no se hubieran convertido en «casta», no habrían nacido partidos populistas.

Nuestros actuales profesores son incompetentes, pero los ciudadanos no podemos echarlos, porque ellos se han cuidado de tener todo el poder, de tener todo atado y bien atado como en los tiempos de la dictadura. Los partidos políticos son los nuevos señoritos andaluces. Y cuando pacífica y democráticamente no se puede echar al profesor/señorito, terminas echándolo a puntapiés. Y esto es lo que puede suceder en España y en Europa.

ME NIEGO A UNAS TERCERAS ELECCIONES.