Si me dan a elegir

Erika Jaráiz Gulías
Erika Jaráiz Gulías PROFESORA TITULAR MIEMBRO DEL EQUIPO DE INVESTIGACIONES POLÍTICAS DE LA USC

OPINIÓN

JUAN CARLOS HIDALGO | EFE

25 oct 2023 . Actualizado a las 08:56 h.

La primera vuelta de las elecciones argentinas ha mostrado, una vez más, que el ruido mediático de la derecha supera con mucho su capacidad de movilización de voto, y acaba convirtiéndose en la decepción, primero, y el resentimiento, después, que tan bien conocemos, por parte de los electores que habían confiado en el éxito prometido. Todo apuntaba a que Milei podría alcanzar el 40 % de los votos con más de 10 puntos de ventaja sobre el peronista Sergio Massa, o a que se quedara en las puertas de este resultado; lo que nadie esperaba es que Massa alcanzara un 36 % y sacara seis puntos a Milei.

No es la primera vez que esto ocurre en los últimos años; de repente las encuestas parecen equivocarse todas y en la misma dirección, algo semejante a lo que ocurrió en las elecciones generales de julio, quizás por el abuso de las encuestas como instrumentos de construcción de la estrategia electoral; o quizás, porque llega un momento en que los encuestadores amoldan los resultados a los pronósticos de los medios dominantes; que es mejor equivocarse todos que arriesgar pronósticos en solitario.

Cuando ves al director de una encuestadora, convertido en estrella mediática, y apoyando siempre al mismo partido, está claro que su encuesta forma parte de una estrategia electoral. Y esto ha pasado en EE.UU., en España y en Argentina, entre otros. Massa ha ganado la primera vuelta frente a los pronósticos, pero no tiene ventaja para el balotaje, igual que le ha pasado a Luisa González en Ecuador recientemente. Lo cierto es que cuando tienen que elegir definitivamente, los votantes negativos, los que votan más en contra de los otros que a favor de su líder, especialmente los ideológicamente centrados, son más partidarios en América Latina de votar a la derecha que a la izquierda, se vuelven conservadores; y solo un exceso de extremismo por parte de Milei podrá convencer al votante centrado argentino, si es que queda alguno, de votar por Massa. Porque en la polarización, la izquierda propone cambios novedosos al sistema, mientras la derecha trata de conservar lo que hay, y en ese intento conservador se acerca al votante mediano, que solo espera que triunfe aquello de «virgencita, virgencita, que me dejen como estoy». La verdadera esperanza de Massa es que los votantes centrados acaben sintiéndose más en peligro con Milei que con él, que pasen por alto su resentimiento con el peronismo ante la amenaza de las escandalosas propuestas del candidato de la derecha. Milei ha buscado el votante extremo y se ha equivocado, como le ocurrió a Feijoo.

Tan solo Trump tuvo éxito buscando ese elector, porque el bipartidismo, la bipolaridad, en EE.UU. es perfecta; la mayoría de los países de América Latina tienen modelos bipolares imperfectos, donde un polo es un partido y el otro es un bloque desunido.

A la derecha polarizada le cuesta ganar si se enfrenta con el centro, tiene más oportunidades enfrentándose a la izquierda polar; Marine Le Pen sueña con enfrentarse a Mélenchon, esa sería su oportunidad. Feijoo sueña con que el votante de centro vea a Bildu, a ERC y a Podemos antes que al PSOE; enfrentarse a Frankenstein y no a Sánchez. Esta vez no fue, la próxima, si me dan a elegir…