La mayoría empobrecida, nuestro punto y aparte

OPINIÓN

06 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

El presidente Sánchez ha fundamentado su decisión de continuar al frente del gobierno afirmando que «no supone un punto y seguido, es un punto y aparte, se lo garantizo». Desde luego, deseamos profundamente que —al expresar la necesidad de un «punto y aparte»— acepta que es necesario, de manera urgente, un cambio que no se limite a reformas cosméticas. ¿Pero qué es punto y aparte para nosotros —para la inmensa mayoría— ante el galopante empobrecimiento que sufrimos?

Nuestro punto y aparte exige acabar con el saqueo

No es verdad que —como ha afirmado Pedro Sánchez en su comparecencia— en España «vivamos un muy buen momento económico». Solamente es verdad para los grandes bancos, los oligopolios y el capital extranjero —masivamente estadounidense— que encadenan, año tras año, plusmarcas de beneficios, es decir, ya ganan entre el doble y el triple que antes de la pandemia. Y los resultados de este primer trimestre de 2024 anuncian que seguirán ganando más, siempre a costa de todos nosotros.

Porque mientras unos pocos disfrutan de una lluvia de millones de euros de ganancias, la mayoría sufrimos la sequía del saqueo nos empobrecemos. Para que los grandes bancos ganen más, debemos pagar una media de 3.600 euros más en la hipoteca. Y la salvaje subida de precios —que como reconocen todos se corresponde con el aumento de beneficios monopolistas— nos ha hecho perder en los últimos tres años hasta 7.000 euros de poder adquisitivo.

Defender la democracia es algo más

Defender la democracia frente a los ataques de centros de poder que pretenden imponer sus dictados en contra de la voluntad popular, eso es importante. Pero esa regeneración democrática —mencionada por Pedro Sánchez— no se puede limitar a desbloquear la renovación del Consejo General del Poder Judicial, obscenamente paralizada durante seis años por el PP.

Par enfrentar los casos de «lawfare» —que ya se habían utilizado contra Podemos y Mónica Oltra— no basta con perseguir la publicación de bulos y noticias falsas. Para defender la democracia hay que impulsar la lucha contra la corrupción, reformando el Código Penal para darle el mismo tratamiento que el crimen organizado, y persiguiendo tanto a los corruptos como a los corruptores. Hay que derogar ya la Ley Mordaza y regularizar a todas las personas inmigrantes.

Un punto y aparte ante los ataques

Que van a seguir arreciendo los ataques contra Sánchez y su gobierno es una obviedad con el añadido de que ha quedado patente cuál es su punto débil. Pero solamente hay una manera de hacer frente a la ofensiva de los sectores más reaccionarios: tomando medidas de mejora a favor de la mayoría social.

Pedro Sánchez ha conseguido, en primer lugar, cambiar el clima político. Hace pocos días, el PSOE estaba arrinconado por casos de corrupción, desde la compra de mascarillas a los que implicaban al entorno de Sánchez. Ahora todo el debate político gira en torno a la capacidad de resistencia de Sánchez ante los ataques recibidos.

Este cambio de guion político va a repercutir en el decisivo ciclo electoral que estamos viviendo. Algunos medios, no precisamente favorables al gobierno, han publicado encuestas donde el PSC ganaba dos escaños durante los cinco días de reflexión de Sánchez. Y es posible que, para responder a la ofensiva antidemocrática que pretendía derribar al gobierno, un sector del electorado progresista que no tenía previsto hacerlo se movilice en las europeas.

Energía para qué

Es indudable que Pedro Sánchez ha conseguido inyectar energía a un PSOE castigado por su propia base electoral —unos por diferencias con la amnistía, y otros, los más, porque un «gobierno de izquierdas» no hace nada por detener su empobrecimiento— y, al presentarse como cabeza de una reacción contra «un movimiento reaccionario mundial», achica el espacio de Sumar y Podemos, apoderándose de las banderas que éstos han defendido en la lucha contra el lawfare.

Ciertamente los ultras actúan —y hay que enfrentarse a sus desmanes y a la impunidad que disfrutan— pero pensar que solo nos enfrentamos a «la derecha y la ultraderecha» es rebajar nuestras defensas ante quienes sí tienen el poder para amenazar la democracia y atracar nuestros bolsillos.

Ante este atraco, un punto y aparte, un basta ya

Y la única manera de hacerlo es impulsar un programa de redistribución de la riqueza, que recorte las escandalosas ganancias de los grandes bancos, de los oligopolios y del capital extranjero, dominantemente estadounidense, que nos permita utilizar esos recursos extremadamente minoritarios en beneficio de la inmensa mayoría.

Es pronto para valorar en su justa medida los efectos reales de este terremoto político. Pero si podemos estar seguros de una cosa. Ya no basta con alertar del peligro de que «gobierne la derecha y la ultraderecha». Si para los trabajadores, los pensionistas, los jóvenes, los autónomos y los agricultores, su situación empeora también con un gobierno «de izquierdas»; si no se abordan medidas para ampliar de verdad la democracia; si no se emprenden políticas que mejoren las condiciones de vida de la mayoría redistribuyendo la riqueza, entonces inevitablemente ganarán «los malos».