Roser Batllé

«El aprendizaje-servicio es un método educativo y una herramienta de capital social»

La pedagoga y emprendedora social participó en la primera de las V Jornadas TéCnicas «Absentismo escolar. Una cuestión ciudadana», en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón


Gijón

Pedagoga y emprendedora social, apasionada defensora del llamado «aprendizaje-servicio», Roser Batlle cerró con una conferencia sobre este tipo de aprendizaje y su relación con la motivación de los alumnos la primera de las V Jornadas Técnicas «Absentismo escolar. Una cuestión ciudadana», en el Centro de Cultura Antiguo Instituto.

-¿Qué es el aprendizaje-servicio?

-Una manera de aprender haciendo un servicio a los demás, a la comunidad. Los chicos y chicas descubren alguna necesidad o problema en el entorno, y se movilizan desde la clase de ciencias, de sociales, de lengua, mates, la que sea, para resolver ese problema, y resolviéndolo o aportando algo para que mejore la situación, aprenden muchas cosas muy útiles para su formación personal.

-¿Por ejemplo? 

-En ciencias, los niños y niñas descubren que el bosque cercano a su población está comido por las orugas, por la procesionaria del pino. Averiguan en clase de ciencias por qué ocurre: porque no anidan los pájaros que se las comen, por tanto hay más orugas y más destrucción de pinos. Entonces se plantean qué pueden hacer para que vuelvan a anidar los carboneros, los herrerillos… y a partir de ahí llegan a la conclusión de que podrían hacer cajas-nido, colgarlas en los árboles y hacer que vuelvan a anidar los pájaros. Hacen un servicio al bosque y aprenden en ese proceso un montón de cosa. ¿Lo pillas?

-Creo que sí. Atención, motivación, práctica. Pero, ¿de quién parte la iniciativa? ¿Los profesores, los propios alumnos...?

-Puede que ni de unos ni de otros. Puede ser muy motivador que te venga gente que no sea el profe, por ejemplo del banco de sangre, que se planten en clase con sus batas y sus fonendos, y te propongan ayudar a montar una campaña para la donación de sangre. Para un chico es muy interesante que adultos que no son educadores les pidan ayuda. Ellos reaccionarían aprendiendo cosas sobre la sangre, hablando con adultos, convenciéndoles para que donen y aprendiendo muchas cosas, son útiles al banco de sangre y hacen su propia campaña.

-Al menos, parece dar respuesta a la clásica pregunta del estudiante de ESO o Secundaria: ¿para qué sirve todo esto?

-Sí. Lo que hace el aprendizaje-servicio es aportar una utilidad social a los aprendizajes. Los chicos están más motivados porque saben que eso va a ser útil para otros. Chicos en un PCPI, en una formación profesional inicial de carpintería, chicos que nunca han tenido un buen nivel académico y que ahora están haciendo una formación para insertarse en el mundo laboral, reciben una demanda de una escuela infantil para fabricar cocinitas de madera para juegos. Van allí, hablan con los niños pequeñitos que les dicen cómo quieren las cocinas, vuelven al taller, piensan cómo hacerlas a la medida de los niños, sin riesgos ni peligros… Se ponen en el lugar de los niños para hacer ese proyecto y, en el momento mágico, lo entregan. Se genera un ambiente y una empatía brutal.

-¿De dónde viene este concepto del aprendizaje? ¿Dónde surgió y cómo?

-Se empieza a hablar de él en 2003 y 2004, pero en el resto del mundo, y muy en particular en los Estados Unidos y Latinoamérica, en los años 40. México y Estados Unidos se disputan la paternidad de quién fue. Es igual. Lo que sí está claro es que son los Estados Unidos los que le ponen el nombre: service-learn. A partir de ahí se sistematiza como metodología educativa propia del siglo XX, y ahora del XXI. En España, cuando se descubre, llega en un buen momento. Primero, muchas escuelas lo hacían sin ponerle nombre. Simplemente, habían descubierto lo potente que es una idea solidaria vinculada a un aprendizaje curricular. Motivación, puntualidad, estudio… todo mejoraba. Entonces, y sigue ahora, se pone en marcha una tradición de escuelas que desarrollan acciones solidarias: una campaña por Navidad, lo que sea. LO que ocurre es que no siempre se conecta con el currículo, se dice, con esta campaña de captación se podría conectar con mates, o esta acción solidaria por el Sáhara se podría conectar con sociales y saber en qué momento el Sáhara deja de estar bajo protección de Franco y entonces pasa tal cosa y tal otra… Hacer la conexión de la causa, del servicio, con el aprendizaje.

-¿Qué implantación tiene en España?

-Se está extendiendo mucho por una razón básica: funciona. Los niños están más motivados, los chicos que practicaban el absentismo reducen el absentismo, sacan mejores notas y, una cosa muy importante, a mejor convivencia en el aula -eso lo relatan no solo los maestros españoles que lo practican, sino las investigaciones mundiales- y además es una herramienta de inclusión social, porque chicos y chicas que en actividades académicas clásicas o convencionales no destacan, ahí despliegan todo su talento y descubren el sentido que tiene estudiar algo que es útil para los demás.

-¿Qué relación guarda con lo que se ha dado en llamar «educación en valores»?

-El aprendizaje-servicio no es incompatible con otras miradas y otros enfoques. Puedes estar desarrolando un proyecto de aprendizaje-servicio y al tiempo estar haciendo método de proyectos o aprendizaje basado en problemas o, como tú dices, aprendizaje basado en valores. Las cosas no son cajones estancos, se mezclan. En el caso de los valores, es una forma de aprenderlos por la vivencia y la práctica, no por la mera verbalización de las cosas. El discurso se aprende rápido.

-¿Hay estadísticas sobre el número de alumnos que podría estar desarrollando este tipo de aprendizaje de un modo u otro?

-No se sabe. Pero cuando me preguntan esto, siempre digo que se cuente más de 300.000. La cifra sale de que el proyecto de aprendizaje-servicio más extendido en toda España que cuenta la gente que hay, cómo lo cuentas si el profe no tiene la obligación de declarar que está haciéndolo. Hay programas que están tipificados y que se aplican con aprendizaje-servicio. Uno de ellos es la carrera solidaria de «Save the Children», que cada año arrastra 300.000 niños. Ergo: de ahí para arriba. Hay muchos más.

-¿Y más allá de la educación reglada? ¿Tiene aplicación en otras áreas de formación?

-Una experiencia muy interesante es con los presos en situación de reinserción. Hay un programa de la Obra Social de La Caixa que se llama «Reincorpora», que consiste en que en el último año de condena los presos llevan a cabo una formación ocupacional: panadería, jardinería, soldadura… con el objeto de prepararlos para su salida. Desde hace cuatro años, este programa mete en formación ocupacional una práctica de aprendizaje-servicio y, desde que lo empezó a hacer, no lo ha abandonado. Son unos 130-140 de casos de aprendizaje-servicio al año. Un ejemplo: presos en un curso de repostería aprenden a hacer un tipo de pasteles para enseñarlo a los abuelos de una residencia; otros, hacen un curso de jardinería y hacen un proyecto para conectar con la escuela infantil cercana y les montan el huerto en el parvulario; o los de la escuela de soldadura colaborando con la comisión de fiestas del barrio para montar la carroza de la fiesta mayor.

-Una forma también de fortalecer las redes sociales...

-Esto es importante: el aprendizaje-servicio no es solo una metodología educativa; es una herramienta para aumentar el capital social, el desarrollo social, que consiste en que la población, frente a un tema, un problema, un reto de la magnitud que sea, encuentra la manera de compactar voluntades para hacerle frente. Eso es el capital social.

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