El delantero toledano regresa a El Molinón con la camiseta del Leganés después de unos años en los que no terminó de consolidarse de rojiblanco
10 sep 2016 . Actualizado a las 16:55 h.El Sporting de los ‘guajes’ tuvo muchos ingredientes y muy diferentes. Alguno de ellos quizás calificable como explosivo. Sí, hablamos de Miguel Ángel Guerrero, un delantero al que cuatro goles al Oviedo lanzaron al Olimpo, pero que al mismo tiempo no logró en ningún momento el beneplácito de Dios. O por hacer un símil más banal. Fue un nueve que dio muchas alegrías a la grada rojiblanca, pero que al mismo tiempo siempre estuvo en el punto de mira.
A ‘Guerre’, como se le conocía ya de forma familiar en la tribuna, se le exigieron goles desde que diera el salto al primer equipo con Sandoval, pero nunca alcanzó cifras que fuesen del gusto del sportinguismo. Ahora, después de ser uno de los hombres importantes en el proyecto del ascenso, vuelve a casa pero con otra camiseta. Y quién sabe si también con un hambre voraz.
Puntería no tanta, pero batalla prestó siempre
Es cierto que a los delanteros se les mide por los goles, y quizás ese nunca fue el fuerte de Guerrero. Eso no fue impedimento para levantar aplausos y vítores con cada carrera, con cada pelea en las pelotas divididas o con cada brega cuerpo a cuerpo con el central de turno.
Por eso el recuerdo de Miguel Ángel es bueno. Porque nunca dio nada por perdido. Ni siquiera su oportunidad cuando estuvo a la sombra de Scepovic y de Lekic. Ni tampoco después de la irrupción de Sanabria o de un Carlos Castro que amenazaba con mandar al toledano a la sombra.
Guerrero es Sporting, y el Sporting en cierto modo está donde está gracias a jugadores como Guerrero. Eso es innegable. ¿La única pena? Que en El Molinón la gente se ha quedado con la duda de si ese nueve que sigue haciendo, ahora en Butarque, honor a su apellido, podría haber escrito una historia más larga.