La Voz de Asturias

Un caballo morado de Troya y la inquisición del bus

Asturias

Luis Ordóñez Redacción
Javier Fernández interviene en el pleno de la Junta General

Los grupos plantearon al presidente cuestiones sobre el salario social, la contaminación en Avilés o la reforma de la variante de Pajares

05 May 2017. Actualizado a las 15:07 h.

Es casi ya una tradición de la legislatura que el turno de preguntas al presidente termine lleno de referencias clásicas, y no es nada malo, con predilección histórica por los tiempos de griegos y romanos. Casi un «peplum» de las metáforas que se reanuda cada quincena en el parlamento asturiano y en que en esta ocasión no falló con apelaciones a las estrategias de Filipo de Macedonia, a la tragedia coral del teatro griego y al mito del caballo de Troya que en realidad no está en la Iliada sino en la Eneida. Dicen también que los orígenes de la tauromaquia se remontan al reino de Creta y viene a cuento porque distintos portavoces trataron de tentar como a un toro al presidente con cuestiones sobre la guerra de avales del PSOE o las faltas gramaticales de su carta a Pablo Iglesias pero Javier Fernández no entró a ninguno de esos capotes aunque lances se disputaron mucho en el hemiciclo.

Comenzó la presidenta del PP quien preguntaba sobre su propuesta para reformar el salario social, sobre si no la consideraba necesaria el Gobierno pero que aprovechó para criticar que los socialistas «no se entienden ni en su propia casa» cargar contra el aumento del gasto en esta prestación --que pasó de los 10 millones presupuestados en 2006 hasta los 110 del último ejercicio-- y la lentitud de sus trámites porque «hay un guirigay de mil pares de narices» en la Consejería y «no le cuadran las cifras como no le cuadran los avales». En su esencia la reforma del PP apuesta por limitar a 2 años el tiempo en que puede recibirse la prestación y también hacerla compatible con trabajos por debajo del salario mínimo. Dijo Mercedes Fernández que «no queremos que sea un instrumento que lleve a la gente a la economía sumergida». El presidente agradeció (irónicamente) que Mercedes Fernández reconociera que consideraba el salario social «en el fondo un derroche» para «los menesterosos» mientras que «para mí es un orgullo».

Esa reforma del salario social es para Izquierda Unida (y lo ha repetido a lo largo de la semana) el precio que tendrá que pagarse por la rebaja pactada con el PP del impuesto de sucesiones. Lo esgrimió su portavoz Gaspar Llamazares en su pregunta al presidente advertiendo que el aumento de la exención supondrá una merma de ingresos para la administración que tendrá que cubrirse con nuevos tributos o con recortes. Es para Llamazares una rebaja «temeraria» que además deja «los sueños de nuestros hijos deteriorados por la herencia de los abuelos», alertó además de que una vez tomadas estas medidas no es posible volver atrás «no es como el ejército macedonio que se retiraba y luego volvía, no somos Filipo». Y apuntó algo relevante, que ese pacto, al igual que la abstención socialista en el Congreso en la investidura de Rajoy, dejaban en el aire puntos del acuerdo de investidura pactado con los socialistas en Asturias cuestionando qué pasaría en el futuro con los acuerdos relativos a salud o educación «cuando tienen problemas para negociar unos centenares de miles de euros con nosotros y ninguno para negociar millones con el PP».

El presidente negó que fuera esta reforma fuera a afectar a los servicios sociales que «en Asturias no estuvieron en riesgo ni en lo más profundo de la sima de la recesión económica» y contraatacó a Llamazares señalando que había pactado los presupuestos con el PP porque no había encontrado aliados a la izquierda (el grupo parlamentario de IU estaba por la labor pero se lo impidió la dirección de coordinadora) y tampoco en Podemos a quien definió como «el caballo de Troya morado de la derecha asturiana en materia fiscal».

No dio tiempo aún a una respuesta de Podemos porque el turno siguiente fue para Ciudadanos que por boca de su diputada Diana Sánchez cuestionó las intenciones del Ejecutivo de sacar adelante iniciativas contra la corrupción, una lacra que achacó a los partidos «de la vieja política» y quedarse corto en sus propuestas para «garantizar las protección» a ciudadanos o funcionarios que quieran denunciar prácticas de fraude en la administración. El presidente le respondió que se había tratado de sintetizar en una sola las tres iniciativas llevadas a la cámara en esta materia y apeló a que tratara de buscar consenso para reunirlas en un texto que salga adelante en el hemiciclo.

 Emilio León, el portavoz de Podemos preguntó al presidente por un encuentro organizado por el Ejecutivo autonómico entre empresas asturianas y la multinacional colombiana del carbón Drummond, que según el presidente se había centrado en ofrecer la experiencia de las compañías asturianas en el tratamiento de atmósferas explosivas o de balsas y escombreras pero se quedó con la duda de que si la verdadera cuestión se refería a esto o algo más «que luego intentaré descifrar en su acetijo». León vinculó ese encuentro con el cierre de las minas asturianas y la posibilidad de que se especulara con carbón de importación en el puerto de El Musel que producía episodios de «nubes negras» así como lo ligó después al escape tóxico de Arcelor en Avilés. «No puede ser que cada vez que hay un escape se amenace con la deslocalización», dijo León quien cargó además contra los controles del Principado en materia de medio ambiente y de usar «a los trabajadores como medidores de contaminación». Antes había empezado el portavoz de Podemos especulando con la posibilidad de que el presidente tratara de desviarse de la respuesta en su réplica hablando del «tramabús» y si hace 15 días Javier Fernández le acusó de ser un tahúr, esta semana León se la devolvió en el mismo término acusando al presidente asturiano (y de la gestora socialista) de actuar «como tahúres que a base de remover los cubiletes pierden avales».

Tampoco entró este trapo Fernández quien defendió que se habían abierto varios (hasta 8 expedientes sancionadores a Arcelor en los últimos años) y calificando de cómoda la postura del portavoz morado porque «yo tengo que preocuparme de la salud, el empleo y el desarrollo económico, en ese orden, pero por todos los vértices sin olvidarme de los demás». También dijo que «yo no iba a hablar del tramabús o el Ripabús, pero al final tienen que mentar la bicha» y cargó contra la actitud de Podemos que, a su juicio, siempre busca «una trama» o «una conspiración» por ver algo más en esa cita con Drummond, «Necesitan castas y tramas como la inquisición necesita herejes, también contaminan ustedes pero de otra manera, hoy esas piras salen por el tubo de escape».

Cerró el turno de preguntas al presidente un fuerte enfrentamiento entre Javier Fernández y la presidenta de Foro, Cristina Coto a cuenta de la variante de Pajares. La portavoz casquista le cuestionó que por qué se oponía al ancho internacional que piden otras comunidades y acusó a los socialistas de querer hacer de Asturias un «gueto ferroviario», también apeló a la etimología de tragedia griega (canción del chivo) «el canto del macho cabrío en su sacrificio, yo no le pido más sacrificio que recupere la cordura» a la hora de apoyor ese ancho estandar y le lanzó como última puya que el hecho de que tuviera que darle contestación oral y no por escrito «así no me puede encajar las 26 faltas de ortografía que le puso a Pablo Iglesias en su carta».

Fue el tercer capote que no puñó el presidente. Sí defendió con vehemencia su postura para con la variante --después de un enconado debate con apelaciones al diario de sesiones del Congreso para señalar la inconsistencia con la que se inició el proyecto de la mano de Álvarez Cascos quienm según Fernández, inventó «el circo» en el parlamento-- para recordar además que ninguna otra comunidad tiene los problemas para sus mercancías (que si van por ancho ibérica) que tiene la antigua rampa de Pajares. Coto recordó que el proyecto inicial, por el que obtuvo ayudas europeas, fue con ancho estandar y tráfico mixto. Pero de momento ese ancho de vía no permitirá el tráfico de mercancías en Asturias y será sólo para pasajeros. Fernández recordó que aún en diciembre el actual ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, defendía el proyecto dejado por Pastor, y cargó contra el fundador de Foro por modificarlo por completo siendo además «el responsable de que el peaje del Huerna se prolongara hasta el año 2050, al igual que el de Guadarrama».


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