La Voz de Asturias

«Tengo miedo de que los clientes no se atrevan a volver»

Asturias

Marcos Gutiérrez Asturias
Santa de las Heras y su hija, Desirée, a la puerta de su establecimiento

Santa de las Heras regenta el bar El Real, en Gijón. Cada quince días tiene que acudir a Madrid para tratar a su hija enferma

10 Apr 2020. Actualizado a las 05:00 h.

Santa de las Heras García es la propietaria de El Real, bar gijonés de la calle Fuente del Real. Como tantos emprendedores y dueños de negocios asociados a la hostelería está sufriendo la situación causada por el coronavirus con más crudeza, si cabe. «En junio hace dos años» que regenta el establecimiento. La noticia de la declaración del estado de alarma y el cierre de establecimientos la acogió con «una sorpresa y shock total, de la noche a la mañana».

Explica que una de sus hijas «está enferma y para tratarla la llevamos a Madrid. La semana pasada tuvimos que ir y pudimos ver lo que había allí». «El 20 de mayo tenemos que volver a tratarla de un derrame cerebral que sufrió al Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Tenemos que ir cada quince días», añade.

La última visita a la capital de España fue «muy dolorosa. Fui con la niña en ambulancia, corriendo. Los médicos tenían miedo de acercarse y nos metimos directamente en la habitación. Le quitaron los yesos y unos aparatos. Su propio doctor nos dijo que no querían que estuviera allí, por su seguridad».

No puede evitar vislumbrar con intranquilidad el ‘mañana’ tras el levantamiento del estado de alarma. «El barrio es pequeñito, con mucha gente jubilada, y de lo que me mantengo es de las pintas de vino y de la gente mayor», comenta. Tiene miedo de «lo que pase cuando nos dejen abrir. Yo soy querida en el barrio y los vecinos me dicen que me apoyan, pero mi bar es pequeño y no puedo evitar temer que no se atrevan a volver».

«La gente me manda mensajes continuamente y me dicen que nada más que abra no voy a tener sidra suficiente», resalta. Destaca que el suyo «es un bar familiar en el que trabajamos mi hija Desirée y yo». Se conforma con que, cuando se decrete el levantamiento, la situación esté bajo control y no se produzca una vuelta a la normalidad en falso.

El problema, como es el caso de muchos propietarios de negocios, es que no sabe «hasta cuándo se puede aguantar con el bar cerrado». «Estoy casada, mi marido trabaja y con su sueldo vamos tirando, pero está la casa y mi hija enferma», asevera y añade que, a día de hoy, ya debe «700 euros, aunque el director del banco ya me llamó para tranquilizarme».

«Gracias a Dios la propietaria me dijo que me olvidara del pago de la renta», indica y añade que los proveedores «llamaron para decir que, cuando abramos, nos van a ayudar muchísimo».


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