La historia ejemplar de Aurora, la abuela campesina que fue pionera del turismo rural en Asturias
Asturias
La tevergana Aurora Álvarez recibe el premio concedido por la Asociación de Mujeres Campesinas y asegura que «hay que valorar los pueblos y la gente que vive del campo»
16 Dec 2020. Actualizado a las 22:34 h.
Sacrificio, esfuerzo e innovación son las tres palabras que definen a la perfección la historia de Aurora Álvarez. A sus 78 años, tras una vida dedicada a lo rural, a impulsar el turismo en Asturias y a cuidar de sus hijos, a esta vecina de Fresnedo (Teverga) le ha llegado un reconocimiento por ese trabajo que ha cosechado durante toda su vida. La Asociación de Mujeres Campesinas de Asturias (AMCA) le ha concedido el premio de Abuela campesina 2020, un título que distingue a mujeres que hayan trabajado y luchado por el desarrollo del medio rural como ha hecho, por ejemplo, Aurora.
Aurora nació en el seno de una familia de labradores en Carrea (Teverga). Ser la hija pequeña de Juan y Piedad no le libró de ayudar en las tareas campesinas, a la vez que compaginaba ir a la escuela. Su padre compró una finca en San Salvador y allí junto con sus dos hermanas colaboraba en la huerta y en la cría de animales. «Cultivábamos patatas, maíz y chichos, que son unas fabas pequeñas. También íbamos a por manzanas y nueces para alimentar a los cerdos», asegura.
Aunque, su padre la sobreprotegía, tanto a ella como a sus hermanas, su infancia fue dura, como la de muchos niños y niñas de la época. Aurora se entretenía con el poco tiempo que le quedaba jugando con lo poco que tenían. «Valorábamos las cosas. Mi padre una vez nos compró una muñeca para las tres. La compartíamos. Pero, ni la tocábamos por no mancharla o romperla. Solo con mirarla ya nos entreteníamos. Tener mucho no significa que sea mejor. Si tuviéramos una cuarta de lo que tenéis ahora…», relata.
Tras dejar la escuela, aprendió a coser y bordar. Un oficio que le apasionaba. Tenía claro que no quería casarse con un ganadero, hasta que Julio se cruzó en su camino y «no sé si fue el destino, pero olvidé todos mis planes». A los 22 años se casó con él y se fueron a vivir a una finca que este heredó. «Vivimos de las vacas y la huerta. Aunque siempre había pensado que ese no era el futuro que yo quería, fui muy feliz». Tuvieron dos hijos, pero ninguno siguió la tradición.
Tras enfermar su marido con 60 años, Aurora tuvo que coger las riendas para poder salir adelante. Tuvo la oportunidad de visitar la bretaña francesa de la mano de ANCA, asociación de la que empezó a formar parte en el año 1992. «Vi como allí apostaban por el agroturismo y a la vuelta dije: voy a implantarlo en Teverga». Para ello, rehabilitó una pequeña zona de su finca para así poder alquilarla y obtener dinero. «Mi marido decía: «Y quien pensáis que va a venir aquí». Le parecía imposible. Yo lo veía como una necesidad de hacer otra cosa para sacar dinero. No podía dedicarme a las vacas como lo hacía Julio porque yo no valía para eso. Solo podía ayudar. Eran tiempos muy difíciles y teníamos que salir adelante». Fue la primera en Asturias en implantar el turismo rural y tuvo mucho éxito. Un año después decidieron adaptar otra casa, esta vez un poco más grande. «Me empeñé en hacer algo diferente a la ganadería. Era para vivir un poco holgadamente», apostilla.
Por eso considera que «hay que valorar los pueblos y la gente que vive del campo porque son el sustento de la sociedad. Los pueblos igual no creo que haya remedio porque están ya muy envejecidos. Solo vendrán aquí los hijos de nuestra generación, pero no los nietos. Ya no saben lo que es un pueblo ni cómo se vivió. Tengo un nieto que le gusta que le cuente cosas de antaño y espero que tenga un poco de consideración. Hay muchos avances, pero la zona rural se está quedando atrás. Le decía mi marido: «si cambia la vida en otros cincuenta años, no vamos a saber cómo va a ser la vida», asegura nostálgica.
Poco a poco fue adaptándose a la modernidad y sumando miembros a su familia, que la completan sus cuatro nietos. Tras jubilarse decidió que ya era hora de dedicar tiempo a sí misma. «Antes las mujeres trabajábamos el doble porque los hombres estaban acostumbrados a que se lo diésemos todo hecho». Vendió las vacas y decidió mantener la huerta, porque es algo que le apasiona.
También, se apuntó a algún taller para hacer manualidades, para aprender a usar un ordenador o, incluso, a tallar la madera. «Me encanta aprender nuevas cosas, pero la vida en los pueblos es muy limitada. Apenas puedo desplazarme para acudir a actividades porque no tengo carné y es muy costoso pagar el servicio de taxi a diario. Y aquí no imparten nada». Además, su familia la visita a menudo. Para llevarle la compra y las medicinas y, sobre todo, para darle ese chute de alegría.
Hoy Aurora Álvarez es una abuela campesina de 78 años que conserva y transmite una vitalidad a través de sus ojos y esa voz tan dulce y enérgica. Lleva las tareas del hogar, navega con el ordenador, pasea y atiende la huerta. «Casi no me alcanzan las horas del día, pero es que no soy capaz de estar de manos cruzadas. Así soy muy feliz», afirma. Gracias a AMCA suma un nuevo capítulo a su trayectoria vital, que es todo un ejemplo de superación personal. «Doy gracias a la asociación porque a través de ella pude emprender un poco e iniciar las casas de aldea. Además, hice muy buenas amigas de otros puntos de Asturias, que son gente encantadora».
Además, en la misma ceremonia se reconocerá a dos empresarias rurales: la fundadora-titular de Lavandería Teverga, Ana María López de San Martín, y la agricultora titular de Kiwin Bio, Cristina Secades de Llanera. El objetivo de este reconocimiento, que cumple ya su tercera edición, es tratar de visibilizar, conocer y promocionar a jóvenes emprendedoras que quieren trabajar y vivir en el medio rural. En cambio, el homenaje a la abuela campesina ya cumple 30 años.
La AMCA lo celebra desde hace tres decádas como testimonio de agradecimiento a las Abuelas del campo. Por su labor y trabajo desinteresado para la conservación de las tradiciones, así como el esfuerzo en el desarrollo personal y mejora de las condiciones de vida en el medio rural.