La Voz de Asturias

El matemático que secuencia la pandemia en Asturias: «El que diga cómo será dentro de un mes se está tirando el pisto»

Asturias

Luis Fernández Redacción Matemático
Javier Álvarez Liébana, matemático

Matemático y doctor en Estadística, trabaja para la Consejería de Salud y convierte los datos en información inteligible para la ciudadanía

21 Jan 2021. Actualizado a las 16:37 h.

El madrileño Javier Álvarez Liébana es licenciado en Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid. Tiene un Máster en Ingeniería Matemática y es doctor en Estadística. Profesor de la Universidad de Oviedo, desde el pasado mes de octubre es el hombre de los datos en la Consejería de Salud. Es el encargado de canalizar todas las cifras oficiales que se generan sobre la pandemia en Asturias y de convertirlas en información inteligible para la ciudadanía. Además, ha sido el encargado de crear la nueva web del Observatorio de Salud, una herramienta que actualiza todos los días -incluidos domingos y festivos- y que muestra de forma gráfica y muy visual, mediante mapas y gráficos,  la evolución del coronavirus en la región.

 -¿Cómo se gestiona todo el volumen de datos que se genera en una pandemia para que lo entienda la ciudadanía?

-Durante toda pandemia yo estuve realizando un trabajo de divulgación en redes, en Instagram y en Twitter. Al principio, a una población sin formación se le atiborró de términos y datos que no se entendían y eso no se convertía en información. Mi labor era convertir esos datos en información. En su momento había mucha incertidumbre, mucha preocupación y notaba que había mucha gente que no entendía de lo que le hablaban y eso le afectaba a nivel personal. Entonces empecé a explicar los informes, qué significaba cada indicador y a ver cómo están otros países. En Twitter fue una labor de divulgación. No solo el dato por el dato, sino trasformado ese dato en información. Me dediqué a explicar las diferencias y a dar visualización a esos datos. Esto no es solo que sea bonito. El gráfico y los colores afectan a la comprensión de la información.

«Rafael Cofiño me seguía en Twitter y en octubre me propuso si quería colaborar»

-¿Cómo pasa de esa divulgación a título personal a trabajar para la administración?

-En Twitter me seguía Rafael Cofiño, director general de Salud Pública, y a mediados de octubre me propuso si quería colaborar, en principio para la web y la comunicación. La idea era facilitar información para que quien no entendiera nada fuera visualmente claro, pero también que quien quisiera tuviera suficiente material, gráficas o pudiera descargar datos para sus análisis también.

 -¿En qué consiste exactamente su trabajo?

-Por la mañana tenemos una reunión de seguimiento a las 8.30 para poner todo en común del día anterior y lo que se va viendo del día. Allí se deciden las urgencias y problemas y luego me encargo de la parte de mantenimiento de la web y la producción de los datos. También sigo trabajando en la Universidad de Oviedo y llevo las redes sociales del Observatorio desde hace un mes. También se hace un trabajo de análisis que no se ve porque se reporta a nivel interno. Se trata de ir dando soporte de datos y de análisis cuando se necesita y que ese análisis incluya distribución geográfica y no solo de tiempo.  Intentamos automatizar los procesos para ganar tiempo y productividad.

-¿Cuántas personas forman su equipo?

-En la web solo yo. A mí me pasan información desde cuatro fuentes: Vigilancia Epidemiológica, los laboratorios, el SESPA y los rastreadores. Yo la agrego y la genero en la web.  

-¿Cuánto tiempo han tardado en desarrollar la web del Observatorio?

-Llevó como un mes y medio más o menos. Muchas de las gráficas ya se generaban a nivel interno pero no eran públicas y no estaba configurada la estructura de web. La estructura pura de web fue menos tiempo porque se tarda menos, pero sí cuesta ver qué se reporta, qué se necesita, a qué hora...  Y luego es mantenimiento. Cuando sale algo nuevo, como ahora el mapa medidas, intento que se genere en privado unos días antes para ir viendo fallos.

-¿Cuánto tiempo lleva actualizar la web cada día?

-La actualización, una vez recibo los datos, entre 50 minutos y una hora. A partir de ahí, comienza todo el trabajo. Yo dependo mucho de la fuente. Los fines de semana cuesta todo más porque hay menos personal y se complica. Está automatizado pero intento revisar lo que sale para darle sentido. Miro las tablas, que las columnas estén en su sitio, que los datos sean coherentes, chequeo que lo del día anterior y lo que sale del ministerio coincide y, si no busco quién se equivocó.   

-¿Qué volumen de datos manejan cada jornada?

-Más de un giga de datos. Son varias tablas de vigilancia, de laboratorios, del SESPA, de rastreadores y muchas más que son las que yo genero. La mayoría de datos hay que multiplicarlos por 78 concejos.  A la hora de verlo por concejos se complica todo, pero esa era la idea que teníamos desde el principio. Y no solo que fuera para nivel interno sino para cualquier ciudadano.

 -Acaban de añadir la opción de «Mapa de Medidas». ¿Tienen en mente nuevas ampliaciones?

 -Estamos viendo cómo visualizar la campaña de vacunación. Tenemos muchos frentes abiertos, lo más urgente para nosotros ahora es la incidencia, pero la idea es ir ampliando. De hecho ya hay alguna versión interna, pero hay que automatizar el proceso, pero ese es el objetivo.

«No se puede predecir a más de 7 días porque entra en juego el comportamiento humano por el medio y eso es impredecible»

-Con la pandemia, el trabajo de los matemáticos ha cobrado relevancia, al menos socialmente. ¿Qué pueden aportar en esta crisis?

-El matemático tiene dos papeles fundamentales. El primero, convertir datos en información. El dato que genera conocimiento para sacar conclusiones con ello. Por así decirlo, sería hacer la digestión del dato. El otro papel fundamental es en los modelos. No se puede predecir a más de 7 días porque entra en juego el comportamiento humano por el medio y eso es impredecible. Se puede predecir a corto plazo, hasta 7 días, dar una idea de lo que puede pasar. Los matemáticos tenemos un rol importante en la modelación de todo esto. Una pandemia son modelos de ecuaciones diferenciales, y aquí esa modelación es fundamental. En este caso, el papel del estadístico es más importante todavía porque hay incertidumbre, que es la que trata el estadístico. Su función es gestionar lo aleatorio y estos modelos tienen una parte fuerte de azar. Añadiría un tercer frente, que es la divulgación. Se trata de dar herramientas a la gente para que entienda la información y para que no haga comparaciones que no se pueden hacer.

-Por tanto, ¿las predicciones a más de siete días no son válidas?

-El que diga cómo va a ser la situación de la pandemia dentro de un mes se está tirando el pisto. Puede acertar, pero también un reloj que está parado da bien la hora dos veces al día.

-En esta pandemia se está trabajando continuamente con modelos predictivos. ¿Tiene Asturias el suyo propio o usa el de otros?

-Tenemos algunos modelos internos de variables a corto plazo. Más allá de eso es muy complicado. Es más fácil en lugares más urbanos. Asturias tiene unas condiciones muy peculiares, como es la dispersión, la situación de las infraestructuras de movilidad, una población envejecida. Todo este hace que exista mucha variabilidad en todo. En otras regiones más grandes es más uniforme. Además, luego entra en juego toda la parte política.

«Tenemos indicios de que la tercera ola podría ser mejor que la segunda, pero hay otros que indican lo contrario»

-Según los modelos que manejan. ¿Será peor la tercera ola que la segunda?

-No lo sabemos. Tenemos indicios que podrían indicar que mejor, pero hay otros que indican lo contrario. Por ejemplo, el peso de las residencias. Ahora hay menos casos en porcentaje de personas mayores infectadas y en residencias, y esa correlación con hospitalizados existe. Eso puede indicar que igual es más leve. Además, está la propia vacunación. Por otro lado, hay indicios de que puede ser igual o peor. El hecho de que haya menos mayores afectados evita la saturación asistencial, pero significa que hay más contagios porque están en la calle, aunque las consecuencias sean menores. La principal preocupación es que no partimos de la ocupación de camas del mes de septiembre, partimos de una situación peor. Hay una situación basal preocupante y estas medidas se toman para intentar evitar el colapso. A veces, parece que solo se justifican las medidas si están los hospitales llenos, pero si las tomas cuando están llenos es que ya llegas tarde. Ahora hay una pendiente más suave que la que teníamos, el ritmo de subida no tiene nada que ver con el de octubre, pero se empiezan a ver cambios. La idea es atajar antes la situación y anticiparse a ese ascenso de las hospitalizaciones para evitar que el sistema colapse. Si hay transmisión comunitaria, hay que cortarla.

-¿Hasta qué número de contagios diarios indican los modelos que se puede llegar en esta tercera ola?

-No lo sabemos. Esperemos que no se llegue al nivel de la segunda ola. Las medidas son para evitar eso y se está buscando un equilibrio entre la vida y la economía. Por eso creemos que el modelo de restricciones por concejos es más justo. Lo primero es frenar la transmisión, pero lo segundo es que las medidas sean lo más equilibradas posible para llegar a tiempo y no pasarse. Hay que reconocer que el modelo perfecto no existe.

«Los datos de uno o dos días son solo ruido»

-Asturias mantiene cifras altas de contagio pero muy inferiores a las de la segunda ola y parece que relativamente estancadas. ¿Puede decirse que la curva está controlada o es demasiado pronto?

-Llevamos dos días de cierta estabilización -a la hora de la entrevista todavía no se conocía el repunte de contagios del martes-. Las subidas diarias no están siendo grandes, pero los datos de uno o dos días son solo ruido. El mejor día para analizar los datos es el viernes porque tienes la foto de toda la semana. Ahora estamos como a finales de octubre en cuanto a incidencia absoluta, pero hay diferencias. La buena es que la pendiente no sube como antes, la mala es que partimos de una ocupación elevada de los hospitales.  


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