La Voz de Asturias

El Asturiano, en Ourense, se despide tras ochenta años de café y grandes historias

Ourense ciudad

María Doallo Ourense

El emblemático negocio familiar cierra sus puertas con un sinfín de recuerdos

01 Jul 2021. Actualizado a las 13:59 h.

La historia de El Asturiano se acaba. El emblemático bar situado en la calle Concordia de la capital se despide de Ourense con la llegada de julio, aunque en los últimos días no han sido pocos los ourensanos que viendo su mítica puerta verde cerrada, se han acercado para coincidir todavía con los dueños y empleados y decirles adiós en persona. Porque para muchos este negocio familiar que nació en 1942 era algo así como una segunda casa, en la que no faltaban nunca el buen café ni las conversaciones largas, de esas en las que se habla de grandes historias. Pero para entenderlo bien, hay que contar la de El Asturiano, que pronto llegaría a los 80 años. Lo abrieron Gabriel Toyos y su mujer, Luisa Martínez. Él era de Asturias, claro, pero por cosas de la vida terminó en Ourense y no dudó en plasmar el amor que sentía por sus raíces en el nombre de su negocio. «Mi abuelo abrió el clásico bar de la época, en el que servían vinos, jamón, tablas de quesos y demás refrigerios. Era lo que se llevaba», cuenta el nieto del fundador, que heredó de él, igual que hizo su padre, el nombre y apellido. También había cafetera, poco común en los bares de mediados de los noventa, pero en El Asturiano se instauró la tradición y de hecho eso, el café, fue una de las consumiciones más pedidas. «Cuidamos muchísimo el detalle y la calidad. Eso y la atención al cliente fueron nuestras dos grandes prioridades», continúa el ourensano. En este ámbito, el secreto estaba en la materia prima, de hecho durante muchos años el proveedor fue Cafés Campos, situado a pocos metros del bar, y encargado de cubrir toda la zona con el rico olor a grano recién molido.

En la imagen, Gabriel Toyos, segunda generación de la familia de El AsturianoCedida

Poco a poco fue creciendo el éxito de El Asturiano y con él, la afluencia de gente a sus mesas. Por eso pronto, en torno a los años sesenta, se convirtió en un negocio familiar con la entrada de los hijos del matrimonio que lo fundó: Gabriel e Inés Toyos. Junto a ellos llega también la mujer del primero, Tita Rodríguez. «Cogen el relevo de mis abuelos y mantienen intacta su forma de trabajar: cercanía y mucho cariño, cafés, pinchitos y las partidas de dominó del mediodía», relata Gabriel nieto. Todo lo que este ourensano rememora para La Voz lo sabe por su madre, Tita, ya que su padre falleció a mediados de los 80 y poco después es cuando entraron él y su hermana, también Inés, a colaborar en el café familiar. «Nosotros nos criamos entre esas mesas, es literalmente nuestra casa, así que nunca dudamos en seguir escribiendo la historia de El Asturiano», admite. De esta forma, a principios de los noventa, hicieron una reforma integral del local. «Mi madre apostó por adecuarlo a lo que se estilaba en el momento y eso eran los cafés clásicos con encanto. Y el nuestro tenía mucho», afirma. Llegaron los bancos tapizados, los toques en madera y el color dorado al bar, y con ellos el ambiente se transformó: «Era un lugar de encuentro, tranquilo y acogedor. Había tertulias pero también venía la gente sola a leer la prensa, un libro, o a estudiar, sobre todo los años en los que la Academia Postal estaba enfrente».

Hasta hoy, en la casa de El Asturiano no ha faltado un café, una sonrisa y una historia que contar. Por su local han pasado niños que ahora son abuelos y que acudían con sus nietos a desayunar. Cuando Tita se jubiló, hace pocos años, tomaron las riendas Gabriel y Sergio Taboada, antiguo empleado de la cafetería. «Fue mi primer trabajo, en 1995, y tengo que decir que he sido muy feliz aquí. Ahora las circunstancias nos dicen que es el momento de cerrar pero nos vamos muy satisfechos y llenos de bonitos recuerdos», apunta Sergio. «Nos despedimos muy orgullosos de haber escrito ochenta años de historia en este lugar y también rebosando gratitud, de verdad, porque sabemos que esto es mérito absoluto de nuestros clientes, personas que nos han dado la oportunidad de continuar con el negocio de mis abuelos y eso es increíble», apunta Gabriel. No se olvida del equipo de El Asturiano: «Nuestras camareras, María y Caty, han sido excepcionales». Cierran la puerta entre nostalgia y alegría, porque saben que es difícil decir adiós y también que en este local solo atesoran cosas buenas que, como las mejores historias, ahora se quedarán en ellos.


Comentar