Pasaporte covid en hostelería, entre incertidumbre y miedo al fraude: «¿Y si un cliente se pone rebecu?»
Asturias
Los dueños de bares de Asturias son escépticos ante una «medida irreal» que, a su juicio, llega «tarde no, tardísimo» y que aún no saben cómo van a implementar en sus locales
25 Dec 2021. Actualizado a las 05:00 h.
Entre la incertidumbre por cómo van a implementar la gestión de las peticiones del pasaporte covid a sus clientes y el escepticismo por la posible redundancia de una medida como esta en una comunidad autónoma como Asturias, en la que el porcentaje de vacunados es francamente elevado. Así se muestran los hosteleros asturianos, que aún no están seguros de cómo van a poder asumir una tarea adicional que, a su juicio, les carga con una gran responsabilidad. Tampoco de cómo van a lidiar con las más que probables muestras de rebeldía de algunos parroquianos, por no hablar de la picaresca en las falsificaciones de estos documentos que, al más puro estilo de La Gran Evasión, ya barruntan.
Este salvoconducto oficial se pedirá para el acceso a centros sociosanitarios, locales de ocio nocturno y hostelería, gimnasios y eventos multitudinarios desde el próximo martes.
«¿Y si un cliente se pone rebecu?»
Alberto Díaz, fundador junto con Tania López del Patio de Butacas de Pola de Siero, considera que la implementación de esta medida llega «tarde no, tardísimo». «Hace unos meses hubiera sido importante», reconoce. Insiste en que, «ahora que se contagian los vacunados y los no vacunados», el documento no servirá de gran cosa.
Respecto a la manera en la que van a gestionar la comprobación del pasaporte en su local reconoce estar «esperando a que nos lo explique el Principado, ya que no sabemos si van a sacar ellos una herramienta para controlarlo, es decir un software o una App, si van a venir a controlar bar por bar…». Sea como sea, teme que «si lo van a publicar el lunes no sé cómo vamos a poder implementarlo el mismo día».
También está a la expectativa de lo que pueda suceder con la «falsificación de pasaportes covid, que sabemos que existen» o, asimismo, de «si alguien se pone rebecu y no te quiere mostrar el pasaporte».
Miguel es el dueño del Rocket Rock and Roll Bar de Oviedo. Considera que la imposición de esta autorización es una «medida irreal» en una región en la que, en la práctica, el porcentaje de no vacunados es residual. «Quien no se haya querido vacunar no lo va hacer por esto», prevé, y adelanta que todo aquel que no haya recibido la dosis a estas alturas «se quedará en su casa hasta que quiten esto del pasaporte».
«Si quieren frenar los contagios, ahora ya se ha ido de madre y es imposible, por mucho que cierren hostelería, que no lo van a hacer. Ahora que se las apañen», asevera contundente. Lamenta que las administraciones llevan «dos años sin hacer nada», sin «ninguna previsión; no han invertido nada y no han contratado gente». También se muestra expectante ante la posibilidad de que haya falsificaciones y fraudes de esta autorización.
«Habrá quien te diga: '¡no te enseño nada¡'»
Fernando Neira, propietario del pub gijonés Morrison, se mueve también por los terrenos de la incertidumbre. «No sé bien aún ni cómo se pide, ni cuándo va a entrar en vigor», admite. Lamenta que «no hay una guía» mínima que muestre a los propietarios de locales cómo va a ser el proceso.
«Supuestamente hay que bajar una aplicación, con la cual tendrás que escanear el código QR y, además, tendrás que verificar y pedir el DNI. Por cada persona que entra y se sienta tienes que hacer todo eso», apunta. Lo ve «engorroso y complicadísimo, más si cabe en estas fechas», si bien insiste en que «toda la hostelería fue cumpliendo hasta ahora y, con esto, lo seguiremos haciendo».
Considera que «en un bar o restaurante con más camareros imagino que destinarán a uno para estas tareas», pero en su bar él está «solo por semana, en la barra, y el fin de semana somos dos», explica. Indica que no puede «contratar a una persona para que esté en la puerta» comprobando los salvoconductos. Plantea que la medida «generará demoras y la gente habrá de ser más paciente», ya que habrá «una comanda de pasaporte antes de la de las consumiciones». «No sé si es la solución, supongo que los expertos lo habrán estudiado», admite y cree que ahora toca «agachar la cabeza y seguir para adelante, porque tenemos familias que alimentar».
Otro factor problemático, desde su punto de vista, será «la aceptación de los clientes, que habrá muchos que te dirán 'no te enseño nada' o 'no tienes derecho', como en su día pasó con la mascarilla o la distancia».
«Nos va a hacer enfrentarnos con los clientes»
David Barroso, dueño del pub gijonés La Mina, reconoce que ayer mismo estuvo «buscando alguna aplicación para leer los pasaportes y ver si son oficiales o aptos, pero no hay nada o, al menos, yo no lo he encontrado». Cree que la medida supone cargarles «con más trabajo y una responsabilidad» que no es suya.
Desde su punto de vista la iniciativa busca, más que reducir los contagios, «empujar a la gente que no se ha vacunado a que lo haga». Pero, a su juicio, antes que pedir estas garantías de vacunación, «igual deberían hacerla obligatoria y punto, pero ahí ya entran temas legales que desconozco».
Cree que es una estrategia «absurda», más si cabe cuando está probado que «los vacunados también contagian», por lo que duda «que vayan a bajar los positivos». También recuerda que, hace escasas fechas, los hosteleros tuvieron que equipar sus establecimientos con medidores de CO2. «Entonces ¿eso ahora ya no vale para nada?», se pregunta. También se cuestiona acerca de aspectos operativos, tales como si «los clientes que estén en la terraza deberán presentarlo o solo si van al baño», de si «la policía va a estar vigilando que se cumpla» o si será necesario que en cada pub haya «una persona en todo momento, con el lector de código controlando».
«Me parece que está muy cogido con pinzas», admite. Cree que, además, el salvoconducto es redundante «en Asturias, con la tasa de vacunados que tenemos». «Si de cada diez personas a quienes se lo pedimos, nueve lo van a tener…», plantea. Desde la perspectiva de la logística teme los cuellos de botella en la atención que se pueden dar en su bar. «Como me lleguen quince personas a la vez entre terraza e interior va a ser una locura», indica. No obstante apunta que «es lo que toca y hay que adaptarse, pero la Administración tiene que darle una vueltita, porque esto es cargarnos con más trabajo y no va a solucionar nada. Nos va a hacer enfrentarnos con los clientes y convertirnos en autoridades sanitarias cuando no lo somos».
La plataforma Hostelería Con Conciencia, a través de un mensaje en sus redes sociales, ha criticado, en referencia a otros grandes propietarios y patronales del sector en la región, que «quienes no trabajan en sus locales están a favor de medidas que ellos mismos no tienen que implementar. Quienes hacen unos días no respetaban los aforos en sus locales, ¿ven bien ahora estas medidas?¿Qué piensa su personal al respecto?».
A esta última pregunta responden que «suponemos que lo mismo que HCC que estamos día a día gestionando nuestros negocios. Medidas laxas que nos cargan de trabajo y complacen a patronales y grandes grupos empresariales que calientan sillas en vez de servir en barra».
«A estas alturas las restricciones e imposiciones han de venir, imperativamente, acompañadas de contraprestaciones», concluyen.