Miguel Silveira, psicólogo: «En las fiestas familiares de Navidad, si se prevé conflicto, mejor no forzar las reuniones»
Asturias
Para evitar conflictos y discusiones en la mesa durante las fiestas, el especialista recomienda que acudir a la celebración con la disposición de no sacar temas escabrosos o polémicos que puedan favorecer el enfrentamiento
24 Dec 2022. Actualizado a las 05:00 h.
Miguel Silveira, psicólogo clínico con una muy dilatada experiencia, está especializado en tratamiento de ansiedad, estrés y depresión y es autor de una docena de libros de psicología. Ha sido galardonado tres veces con premios de Periodismo, Televisión y Prensa del Colegio de Psicólogos de Madrid por «su alta calidad en la divulgación de la Psicología». En la entrevista concedida a La Voz de Asturias, Miguel Silveira ofrece su punto de vista profesional y algunas recomendaciones para abordar la época de contraste de sentimientos que suelen ser las fiestas navideñas, para evitar los conflictos en la mesa con los familiares o allegados con los que no se tiene buen entendimiento y para sobreponerse ante el síndrome de la silla vacía cuando se ha perdido a un ser querido.
-La Navidad es una época de contraste de sentimientos ¿cómo debemos abordar estas fiestas desde la psicología de las emociones?
-En efecto, es un contraste, pues los hay que sienten gran alegría y placer y hay en quienes predomina el rechazo y disgusto porque creen que es obligatorio estar alegres estas fiestas. Lo deseable es no magnificar su importancia en lo que se refiere a las celebraciones familiares para evitar gran sufrimiento cuando alguno falta o hay confrontación en la mesa en esos momentos. Es preferible cultivar una actitud de alegría pues, al fin y al cabo, son fiestas.
-La Navidad no siempre es un momento feliz. ¿Hay claves para conseguir una Feliz Navidad?
-Es cierto y es una actitud que tiende a extenderse. Una clave es considerarlas como una ocasión de encuentros, celebraciones, vacaciones y momentos de obsequiar y regalar, siempre gratificante para quien da y recibe. Por cierto, al regalar, asegurarse de obsequiar lo que hará feliz al receptor más que al donante.
-Para algunas personas estas fiestas implican tener que reunirse con familiares o allegados con los que no tienen un buen entendimiento ¿cómo se pueden evitar las discusiones cuando es inevitable sentarse a la mesa con ellos?
-Tiende a ser un problema coincidir con quienes hay desapego o malas relaciones. Por ello, si se prevé conflicto, mejor no forzar las reuniones de todas las partes. De todas formas, en aras de la armonía momentánea es deseable que los participantes acudan con la disposición de no sacar temas escabrosos o polémicos que favorecen el enfrenamiento.
-La preocupación y la frustración también aparecen en estas fechas motivadas o relacionadas con las dificultades económicas ¿se puede dar algún consejo o recomendación para aligerar la carga que suelen suponer los problemas de dinero?
-Siempre conviene practicar la aceptación de la realidad de cada uno adaptándose de buen grado a lo que se tiene. Compararse con los que están mejor conduce a la frustración, la envidia o la tristeza por las carencias y eso no facilita el buen humor y ánimo. En esos momentos, toca disfrutar con aquello de que se dispone sin compararse a los que nadan en la abundancia.
-Estas fiestas también son de estrés por tener que hacer compras, quedar con amigos para festejar, preparar comidas y cenas para la familia… ¿Hay manera de afrontar ese desasosiego que genera la Navidad?
-Sobre todo se debe procurar que casi todo el esfuerzo de comprar, cocinar y preparar el ambiente no recaiga siempre sobre la o las mismas personas. Es algo injusto, aunque frecuente, y si no que se lo digan a las madres. Lo justo y razonable es esforzarse todos en repartir el trabajo y el placer, puesto que las fiestas son para todos.
-En Navidad aparece también el síndrome de la silla vacía y el síndrome del villancico haciendo que estas fiestas, lejos de ser idílicas, se conviertan en un verdadero problema para la salud física y mental ¿qué se puede hacer cuando la tristeza y la nostalgia nos invaden por la falta de un ser querido?
-En el imaginario colectivo hay que ser felices esos días y no es así necesariamente. Si la familia se junta, conviene pensar que quien falta desearía que los presentes disfruten del encuentro, aunque es inevitable sentir cierta tristeza o nostalgia. Pero esta no debería estropear la celebración. Si se mitifican las Navidades y el resultado no es el esperado, la experiencia crea un mal recuerdo y predispone negativamente para las siguientes fiestas.
-Puede darse el caso también de que sea una persona cercana la que ha perdido a alguien durante el año ¿cómo podemos ayudarla en estas fechas sensibles para las emociones?
-Esa es la experiencia más dolorosa, porque la ausencia impone la emoción de la tristeza, si el suceso es reciente. No obstante, hay que evitar que ese sentimiento se repita año tras año al actualizar y asociar el mal recuerdo para no arruinar futuras celebraciones.
-¿Es aconsejable o bueno para nuestra salud mental hacer balance personal cuando concluye el año o no vale de nada?
-Siempre es aconsejable hacer evaluación de nuestro quehacer para hacer o no correcciones. Mejor que la autoevaluación se haga de vez en cuando. No creo mucho en los buenos propósitos para todo el año siguiente. Solemos fallar al poco tiempo.