Los hosteleros asturianos tratan de esquivar con ligeras subidas de precios y cambios en las cartas unos costes «desorbitados»
Asturias
Dueños de bares, sidrerías y restaurantes de la región reconocen que han trabajado «a pérdidas» en 2022 y consideran que la bajada del IVA no se va a notar positivamente en sus negocios
01 Feb 2023. Actualizado a las 11:40 h.
La entrada del año, la cuesta de enero y la rebaja del IVA han abierto un nuevo escenario para la hostelería asturiana. Tras un 2022 en el que muchos dueños de bares, cafeterías y restaurantes reconocen que han trabajado «a pérdidas», 2023 empieza como un ejercicio en el que va a ser casi inevitable trasladar subidas de precio a ciertos productos. Otros hosteleros manejan posibilidades como cambios en sus cartas, introduciendo productos más baratos y eliminando aquellos más caros, para hacer frente a la inflación sin repercutir su efecto en el cliente.
Félix Marcos, presidente de Hostelería con Conciencia y propietario de la cervecería La Escala de Gijón, destaca que desde 2022 los hosteleros han «estado sufriendo unas subidas de precios desorbitadas».
«Simplemente el café, por poner un ejemplo, ha subido en mi caso un 50% durante el pasado año», apunta. «En muchos casos no hemos hecho frente a las subidas de la luz, leche, cerveza, café, el aceite…», añade y reconoce que un buen número de hosteleros han estado «pasándolo mal en 2022».
Es por eso que no ve otra solución que «intentar subir un poquitín los precios… 10, 20, 30 céntimos, dependiendo de la consumición que sea, para hacer frente a la inflación». Indica que «hablando con gente de Hostelería Con Conciencia casi todos han incrementado algo sus precios».
Insiste en que lo que ha sucedido en 2022 ha representado «trabajar en pérdidas». «Esperemos que la gente lo comprenda. Si asume el incremento de la gasolina, si sube el kilo de fruta, la carne y el pescado… entendemos que en un bar el cliente entenderá que no solo paga la consumición, sino que también paga los impuestos y el salario del que te está atendiendo, la luz, la vajilla…», explica.
Resalta que son varios «años que se ha aguantado» sin reflejar la subida de la vida en los precios de los locales. «Un barril de cerveza hoy me ha costado 15 euros más caro que la semana pasada y un compañero me decía que a él le ha costado 11 euros más caro que hace siete días», concluye.
David Canteli, responsable de la sidrería Canteli, cree que «la bajada del IVA es una medida muy desafortunada e ineficaz. Nadie va a notar 0,04 céntimos en un litro de leche, porque lo van a absorber las grandes superficies, que serán los únicos beneficiados. Está por ver si ellos van a pagar el IVA en origen a los ganaderos o se lo van a ahorrar. Lo que no tengo duda es que la leche, por poner un ejemplo, no va a bajar. Lo mismo está pasando con el aceite de oliva. Y hay que recordar que ese 4% es un impuesto que el estado dejará de recaudar y lo pagaremos doblemente por otro lado».
Resalta que «en el caso de la hostelería dejaremos de desgravar ese 4% que vamos a pagar igual y será solo gasto». «Por mi parte creo que si todos entramos en una dinámica de subidas indiscriminadas de precios vamos a terminar paralizando el consumo. Está claro que hay cosas que hay que subir, pero también hay que buscar alternativas», comenta. En su caso adaptará «la carta a esta nueva situación, quitando productos que están imposibles de vender a un precio con cierto margen... véase el pulpo, que lo tendría que cobrar a 30 euros la ración y la gente se asustaría».
«Intentaré reinventar la carta para que el precio medio final siga siendo asequible sin bajar calidad. Eso sí, hay productos imposibles excepto en locales donde ya sabes que vas a pagar entre 50 y 80 euros por persona», puntualiza.
Respecto al repunte de la energía considera que «es el Estado el que debería meter mano y topar precios, tanto a hostelería y comercio como a las viviendas. Ahí poco podemos hacer, solo intentar no bajar en ventas y únicamente veo salida conteniendo precios».
Explica que «en Navidad Semana Santa y verano se vivió en una nube, pero a mediados de enero comienzan los problemas». «Habrá quien opte por la opción de hacer plantillas de fijos discontinuos y abrir por temporadas, pero tendremos ciudades fantasma», resalta.
Lamenta que «es una locura ir a hacer la compra al supermercado. Están subiendo precios todos los días. Y a una persona que viva sola o incluso una pareja le interesa más salir a comprar un menú de 10 euros para llevar, que con el primero comes y con el segundo cenas, que hacer la compra».
Considera que «los supermercados nos tienen a todos sometidos y la única manera de que vuelvan a bajar precios es que bajen las ventas».